Viajas a Oslo o a Copenhague, entras en una cafetería
y pides un café con leche. Quizá añades una pequeña botella de agua. Cuando
llega la cuenta, aparece el primer shock del viaje, resulta que has pagado por
algo que en España podría costarte poco más de la mitad. La reacción instintiva
es sencilla: "Estos países son carísimos".
Y es verdad. Pero la explicación económica es bastante
más interesante que simplemente decir que allí "todo cuesta más". Porque
el precio de ese café no depende principalmente del café. Depende, sobre todo,
de cuánto cuesta vivir y trabajar en el lugar donde te lo están sirviendo.
El café es solo la punta del iceberg
Supongamos que un café cuesta 5,50 euros en
Copenhague. El grano que hay dentro de la taza no vale cinco veces más que el
de una cafetería española. Tampoco la cafetera es cinco veces mejor. Entonces,
¿de dónde sale la diferencia? Del resto de la cadena.
Está el salario de la persona que prepara el café, el
alquiler del local, la electricidad, los seguros, los impuestos, los costes
empresariales, el transporte, el mantenimiento y todos los demás servicios que
necesita el negocio. Y aquí aparece una de las claves de la economía de los
países ricos: los salarios pueden
ser elevados porque la productividad de la economía también lo es, aunque
también influyen las instituciones laborales, la negociación salarial y la
oferta y demanda de trabajadores.
Una empresa farmacéutica danesa, una compañía
tecnológica noruega o una gran empresa industrial puede generar mucho valor por
trabajador. Puede permitirse pagar salarios elevados para atraer ingenieros,
científicos, especialistas y directivos. Pero ese trabajador no se queda
aislado dentro de la economía. También necesita una vivienda, un restaurante,
un peluquero, un supermercado, un taxi o una cafetería. Y todos esos sectores
tienen que competir por trabajadores en el mismo mercado laboral.
Ahí empieza el verdadero efecto dominó.
La cafetería también tiene que
competir por trabajadores
Imaginemos dos economías. En la primera, una empresa
muy productiva puede pagar salarios elevados. En la segunda, las empresas
generan mucho menos valor por trabajador y los salarios son más bajos. La
cafetería de ambos países vende exactamente el mismo café. Pero la cafetería
del primer país tiene que contratar trabajadores en un mercado donde los
salarios son más altos. No puede pagar a su empleado como si estuviera en la
segunda economía. Si lo hiciera, ese trabajador podría marcharse a otra empresa
que le ofreciera mejores condiciones. Por tanto, la cafetería tiene que elevar
sus costes laborales. Y esos costes terminan incorporándose al precio final.
El café se encarece aunque el café no haya cambiado. Esta es una de las ideas
fundamentales para entender por qué los servicios suelen ser mucho más caros en
los países ricos. Aquí entra Balassa-Samuelson. Los economistas tienen
incluso un nombre para una parte de este fenómeno: efecto Balassa-Samuelson.
La idea, simplificada, es bastante intuitiva. Una elevada productividad en los
sectores que compiten internacionalmente (industria, tecnología, farmacéutica,
determinados servicios empresariales, etc.) puede contribuir a sostener
salarios más altos en el conjunto de la economía. Pero esos salarios no se
quedan únicamente en las empresas exportadoras. Se extienden por el conjunto
del mercado laboral.
El problema es que un camarero no puede multiplicar su
productividad al mismo ritmo que una fábrica automatizada o una empresa
tecnológica. Una fábrica puede producir muchísimo más con nuevas máquinas,
software y automatización. Una persona atendiendo una mesa sigue teniendo que
atender físicamente a esa mesa. Por eso, cuando los salarios generales suben,
los servicios locales tienden a encarecerse. No necesariamente porque sean mejores,
sino porque necesitan pagar a personas que viven en una economía donde los
salarios y otros costes asociados al trabajo son elevados. Y esto explica una paradoja muy interesante:
Los países más productivos pueden terminar teniendo los servicios más caros.
Noruega y Dinamarca: dos caminos
diferentes hacia los salarios altos
Noruega y Dinamarca no han llegado a su nivel de
riqueza exactamente por el mismo camino. Noruega se benefició enormemente de
sus recursos energéticos, especialmente petróleo y gas, y de la capacidad de
canalizar parte de esa riqueza hacia el
ahorro y la inversión a largo plazo.
Dinamarca, por su parte, cuenta con una economía muy
diversificada y empresas extraordinariamente competitivas en sectores como la
industria farmacéutica, el transporte marítimo, la alimentación, la ingeniería
y las tecnologías relacionadas con la energía. Son modelos diferentes. Pero
ambos tienen algo en común: una capacidad elevada para generar valor por
trabajador. Y eso importa mucho más para explicar los salarios que el
precio de un café.
Entonces, ¿son realmente más ricos?
Aquí aparece otra trampa. Un noruego o un danés puede
cobrar mucho más que un español en términos nominales Pero eso no significa que
pueda comprar necesariamente el doble de bienes y servicios.
Si su salario es el doble pero la vivienda, los
restaurantes, determinados servicios y otros bienes son también mucho más
caros, una parte importante de esa ventaja desaparece cuando medimos el poder
adquisitivo. Por eso los economistas utilizan la paridad de poder
adquisitivo (PPA). En lugar de preguntar simplemente: "¿Cuántos
euros cobra esta persona?" la pregunta pasa a ser: "¿Qué
cantidad de bienes y servicios puede comprar realmente con ese dinero?" Es
una diferencia fundamental. Porque 3.500 euros de salario no significan lo
mismo en todas partes.
El turista español comete un pequeño
error
Cuando un español llega a Oslo y ve un café a 6 euros,
compara automáticamente ese precio con el de su barrio. Pero está comparando
dos cosas distintas. Está comparando un precio noruego con una estructura
salarial española. Para un residente noruego, esos 6 euros representan una
cantidad de dinero diferente dentro de su propia economía. Es exactamente lo
mismo que ocurre cuando un noruego aterriza en España. Puede entrar en una
cafetería, mirar la carta y pensar: "¿Cómo puede ser esto tan
barato?" No es que el café español sea mejor o peor. Es que está
siendo producido dentro de una economía con otro nivel de salarios, alquileres,
costes empresariales y precios.
Por eso el extranjero puede parecer
rico en España
Y aquí aparece la parte más curiosa. Un trabajador que
gana un salario elevado en Noruega o Dinamarca puede sentirse perfectamente
como una persona de clase media en su propio país. Paga un alquiler elevado. Compra
alimentos a precios elevados. Paga por servicios caros. Sale a cenar y
comprueba que una noche normal puede costar bastante dinero. Pero si mantiene
ese mismo salario y pasa una temporada en España, su percepción económica
cambia radicalmente. De repente, el alquiler le parece barato. Los restaurantes
le parecen baratos. Los servicios personales le parecen baratos. Y su salario
tiene una capacidad de compra mucho mayor. No se ha hecho más rico. Ha
cambiado de estructura de precios. Esta es precisamente una de las razones por
las que la diferencia entre salario nominal y poder adquisitivo es tan
importante.
La paradoja del país rico
Y aquí está la verdadera paradoja. Un país puede ser
rico y, al mismo tiempo, parecer carísimo para un visitante extranjero. De
hecho, ambas cosas pueden estar relacionadas. Una economía muy productiva
genera salarios elevados. Los salarios elevados aumentan los costes de los
servicios que utilizan trabajadores locales. Los alquileres y otros costes
también pueden subir. Y el resultado es un nivel de precios elevado.
Por eso, cuando pagamos seis euros por un café en
Copenhague, no estamos pagando seis euros por café. Estamos pagando una pequeña
parte de la estructura económica de Dinamarca. Pagamos al camarero. Pagamos
el alquiler. Pagamos la energía. Pagamos los impuestos. Pagamos los costes del
negocio. Y, en buena medida, pagamos el hecho de que detrás de esa cafetería
existe una economía con salarios, alquileres y otros costes elevados. La
próxima vez que mires una cuenta de 6 euros por un café en Oslo, puedes pensar
que te han cobrado demasiado. O puedes verlo de otra manera: acabamos de
tomar un café con una pequeña lección de economía dentro.
Anexo: La economía de
un café, en números
Fuentes: OCDE, Average annual wages, datos de 2025; Deutsche Bank Research, Mapping the World's Prices, para el precio comparable del cappuccino. Los valores PPA están expresados en dólares estadounidenses ajustados por paridad de poder adquisitivo.
Los 35.121 € son el salario medio español en
euros a precios de 2025. Los 57.779
$ son ese salario convertido
mediante PPA, no mediante el tipo de cambio de mercado. La OCDE
define la PPA precisamente como una conversión que elimina las diferencias de
niveles de precios entre países.
Por
tanto: 35.121 € → 57.779
$ PPA no significa que 1
€ = 1,645 $ en el mercado. Significa aproximadamente que el salario de 35.121 € en España tiene
un poder de compra equivalente a 57.779 dólares en EE. UU., una vez corregidas
las diferencias de precios.
Los
salarios son datos de la OCDE
para 2025; la OCDE ofrece tanto el salario medio como su
equivalente ajustado por PPA. Los valores PPA son 57.779 $ para España, 78.090 $ para
Dinamarca y 73.462 $ para Noruega.
La
conclusión es clara:
Dinamarca y Noruega tienen salarios medios mucho más elevados que España, pero
una parte importante de esa diferencia desaparece cuando ajustamos por el coste
de vida. Al mismo tiempo, los servicios locales (como un café) son
considerablemente más caros. El precio de un café, por tanto, no puede
interpretarse correctamente sin tener en cuenta la estructura salarial y de
precios de la economía en la que se consume.








