Los dos nuevos reales decretos-ley sobre vivienda y alquiler ya están publicados en el Boletín Oficial del Estado: el Real Decreto-ley 26/2026, de 29 de septiembre, por el que se adoptan medidas urgentes para la protección de la función social de la vivienda y la ampliación de la oferta de vivienda asequible, y el Real Decreto-ley 27/2026, de 29 de septiembre, por el que se adoptan medidas urgentes para reforzar la estabilidad de los contratos de arrendamiento de vivienda habitual.
Tendremos ocasión de analizar en otro artículo el contenido de ambas normas, sus novedades y, sobre todo, sus posibles efectos sobre el mercado del alquiler y sobre la oferta de vivienda.
Pero, antes de entrar en ese debate, conviene detenerse en una cuestión previa. Porque para entender el problema de la vivienda en España hay que mirar también a lo que está ocurriendo con nuestra población y, especialmente, con el número de hogares que se están formando.
Y los datos ofrecen una perspectiva que merece la pena analizar.
España, motor del crecimiento demográfico europeo
La población de la Unión Europea de 27 países ha aumentado en los últimos años. Pero no todos los países han contribuido de la misma manera a ese crecimiento. España destaca de manera muy significativa.
GRÁFICO 1 — Evolución de la población de la UE-27 y España.
Entre 2018 y 2025, la población de la UE-27 ha pasado de aproximadamente 445,6 millones de habitantes a 451,6 millones. Es decir, el conjunto de la Unión ha ganado cerca de seis millones de habitantes. Lo llamativo es que España explica una parte extraordinariamente importante de ese crecimiento.
En el mismo periodo, la población española ha aumentado en torno a 2,5 millones de personas. Esto significa que España concentra alrededor del 43% del incremento de población experimentado por el conjunto de la UE-27 durante esos años. La conclusión es difícil de ignorar: mientras Europa crece demográficamente de forma moderada, España se está convirtiendo en uno de los principales motores de ese crecimiento.
Y esta cuestión tiene una importancia directa cuando hablamos de vivienda. Porque cada nuevo habitante necesita, antes o después, un lugar donde vivir. Pero la presión sobre el mercado residencial no depende únicamente del número de habitantes. Depende también de cómo evoluciona el número de hogares.
Y aquí aparece el segundo elemento de esta ecuación.
El crecimiento de la población viene fundamentalmente del exterior
Si descendemos al caso español y observamos de dónde procede el crecimiento de la población, el gráfico resulta todavía más revelador.
GRÁFICO 2 — Evolución de la población residente según lugar de nacimiento.
Entre 2018 y 2025, la población residente nacida en el extranjero pasa de unos 6,2 millones de personas a cerca de 9,5 millones. Es decir, aumenta en más de tres millones de personas, con un crecimiento superior al 50%. En cambio, la población residente nacida en España disminuye durante el mismo periodo. Por tanto, el crecimiento de la población española no se explica por un aumento de la población nacida en España, sino fundamentalmente por la incorporación de población nacida en el extranjero.
No se trata de valorar aquí este fenómeno desde una perspectiva política o social. Es simplemente una cuestión demográfica y, por tanto, económica: más población significa más necesidad potencial de vivienda. Y cuando este crecimiento se produce a una velocidad elevada, la oferta residencial necesita ser capaz de acompañarlo. La cuestión es si lo está haciendo.
El verdadero problema: hogares frente a viviendas
Aquí es donde el análisis deja de ser exclusivamente demográfico y pasa directamente al mercado residencial. Porque para estudiar las necesidades de vivienda no basta con contar habitantes. Lo relevante es observar también cuántos hogares se crean.
Una población puede aumentar sin que el número de viviendas necesarias crezca exactamente en la misma proporción. Pero cuando aumenta el número de hogares, la necesidad de vivienda se hace mucho más directa. Y es precisamente en este punto donde encontramos una diferencia muy significativa entre la creación de hogares y la construcción de nuevas viviendas.
GRÁFICO 3 — Creación de hogares frente a viviendas terminadas.
El gráfico muestra cómo, especialmente en los últimos años, la creación de nuevos hogares se sitúa claramente por encima del número de viviendas terminadas. En 2025, mientras la creación neta de hogares se sitúa en el entorno de los 230.000, las viviendas terminadas se encuentran alrededor de las 80.000.
Es decir, se están creando muchos más hogares que nuevas viviendas.
Y esta diferencia no es un fenómeno puntual de un solo ejercicio. La brecha se viene acumulando durante los últimos años. Esta es, probablemente, una de las claves que deberían estar presentes en cualquier análisis serio sobre el mercado residencial español. Porque cuando la demanda estructural de vivienda crece a un ritmo superior al de la oferta, el resultado lógico es un mercado tensionado.
La demografía importa
En ocasiones, el debate sobre vivienda se centra exclusivamente en los precios, los alquileres o las condiciones de los contratos. Son cuestiones importantes, pero existe una variable anterior a todas ellas: cuántas personas necesitan vivienda y cuántas viviendas existen para atender esa necesidad.
España está creciendo en población. Y ese crecimiento está vinculado en gran medida a la llegada de población nacida en el extranjero. Al mismo tiempo, se están formando nuevos hogares a un ritmo muy superior al de construcción de nuevas viviendas. La combinación de ambos factores genera una presión evidente sobre el mercado residencial.
No hace falta atribuir intenciones a nadie ni buscar explicaciones políticas para entenderlo. Es una cuestión básica de oferta y demanda. Si el número de hogares aumenta más rápidamente que el parque de viviendas disponible, la tensión del mercado aumenta. Y cuanto mayor sea la diferencia entre ambas variables, mayor será el esfuerzo necesario para conseguir que la oferta residencial acompañe a las necesidades de la población.
Regular la demanda no sustituye a crear oferta
Este punto resulta especialmente relevante en el momento actual. Los nuevos reales decretos-ley introducen cambios importantes en el funcionamiento del mercado del alquiler. El primero modifica, entre otras cuestiones, aspectos relacionados con los arrendamientos temporales, las garantías, las actualizaciones de renta y determinados contratos de vivienda. El segundo introduce nuevas reglas sobre la estabilidad y prórroga de los contratos de vivienda habitual.
Son medidas que merecen un análisis específico y que, sin duda, tendrán un recorrido político y jurídico que habrá que seguir. Pero existe una cuestión que ninguna regulación puede resolver por sí sola: ¿Dónde están las viviendas que necesitan los nuevos hogares?
Porque si la población aumenta, si se crean nuevos hogares y la construcción de vivienda no acompaña ese crecimiento, el problema de fondo permanece. Podemos modificar las reglas del alquiler. Podemos establecer nuevas obligaciones para propietarios e inquilinos. Podemos cambiar los mecanismos de actualización de las rentas. Podemos ampliar las prórrogas de los contratos. Pero ninguna de estas medidas crea, por sí misma, una vivienda adicional.
Y aquí está probablemente una de las grandes cuestiones que debería abordar el debate español sobre vivienda: no se trata únicamente de determinar cómo se distribuye una oferta residencial escasa, sino de conseguir que esa oferta deje de ser escasa.
Una ecuación que conviene no olvidar
Los datos demográficos nos sitúan ante una realidad que no deberíamos perder de vista. España ha aumentado considerablemente su población en los últimos años y representa una parte muy relevante del crecimiento demográfico de la Unión Europea. Ese crecimiento procede fundamentalmente de población nacida en el extranjero. Al mismo tiempo, el número de hogares aumenta y lo hace a un ritmo que la construcción de nuevas viviendas no está siendo capaz de acompañar.
La consecuencia es una brecha creciente entre las necesidades residenciales y la nueva oferta. Y esa brecha tiene consecuencias. Porque cuando hay más hogares buscando vivienda que viviendas nuevas incorporándose al mercado, la competencia por acceder a una vivienda aumenta. Y cuando la oferta es especialmente rígida en determinadas ciudades y territorios, esa presión puede traducirse en mayores dificultades de acceso y en un incremento de los precios y de los alquileres. Por eso, cuando analicemos los nuevos reales decretos-ley de vivienda y alquiler, convendrá no perder de vista esta fotografía.
La vivienda no es únicamente una cuestión jurídica. Tampoco es únicamente una cuestión de precios. Es, antes que nada, una cuestión de población, hogares y oferta.
Y la aritmética actual nos deja una pregunta que debería estar en el centro del debate: ¿Estamos construyendo suficientes viviendas para los hogares que España está creando?
Los gráficos apuntan a que, hoy por hoy, la respuesta es que no.







