Leo un artículo en DinámicaMonetaria donde el análisis que se plantea versa sobre la importancia del
diferencial entre el tipo de interés real y la tasa de crecimiento (\(r - g\))
para medir la sostenibilidad de la deuda. Desde un punto de vista
estrictamente contable, es impecable. Es matemáticamente cierto que si una
economía crece a un ritmo superior al coste de su deuda, el ratio deuda/PIB
puede estabilizarse o incluso reducirse de forma orgánica, admitiendo ciertos
márgenes de déficit primario.
Sin embargo, desvincular esta
fórmula de sus causas y efectos estructurales introduce un sesgo metodológico
peligroso. Confiar ciegamente en la aritmética del diferencial \((r - g)\) como
patente de corso para mantener altos niveles de endeudamiento ignora tres
realidades económicas fundamentales desde una perspectiva liberal:
1. La falacia de los tipos de
interés de mercado:
La variable \(r\) (el tipo de interés) rara vez es un reflejo puro del libre
mercado en las economías hiperendeudadas. Con frecuencia, un diferencial
favorable es el resultado de la intervención de los bancos centrales mediante
políticas monetarias expansivas o mecanismos de represión financiera. Mantener
los tipos artificialmente bajos para abaratar la deuda pública distorsiona el
mecanismo de precios, destruye el poder adquisitivo del ahorro a través de la
inflación y penaliza la capitalización de la economía.
2. El "efecto expulsión"
(Crowding Out) sobre el crecimiento potencial:
La variable \(g\) (el crecimiento) no es independiente del nivel de deuda. Un
sector público sobredimensionado absorbe un capital financiero y humano que
debería nutrir al sector privado productivo. Al detraer recursos de la
inversión privada —que asigna el capital con criterios de eficiencia y
rentabilidad— para financiar gasto público ineficiente, se termina deprimiendo
el crecimiento potencial a largo plazo. La deuda de hoy es, irremediablemente,
un impuesto diferido que lastrará el \(g\) del mañana.
3. La asimetría del riesgo y la
vulnerabilidad ante shocks:
Fiar la solvencia de un país a que el crecimiento siempre supere al coste de la
deuda es una temeridad cíclica. El crecimiento (\(g\)) es una variable
altamente volátil, sujeta a la demografía, la productividad y los shocks
externos. Si la economía entra en recesión o los mercados corrigen al alza la
prima de riesgo soberano superando al crecimiento, la dinámica matemática se
invierte instantáneamente. Lo que en el papel parecía un equilibrio sostenible
se transforma, sin margen de reacción, en una crisis fiscal y en un rescate
inevitable.
El espejismo
español y la advertencia de la AIReF
El caso de España ilustra
perfectamente este espejismo. En los últimos años, el ratio deuda/PIB español
se ha reducido de forma contable gracias a un diferencial temporalmente
favorable, impulsado de forma notable por la inflación (que infla el PIB
nominal en el denominador). Sin embargo, la deuda real en valores absolutos no
ha dejado de crecer hasta rebasar los 1,7 billones de euros.
Confiar la sostenibilidad a esta
dinámica coyuntural es un error que los organismos independientes ya están
desmontando. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), en
sus proyecciones de sostenibilidad a largo plazo, ha advertido de que los
cumplimientos formales de las reglas de gasto a corto plazo no garantizan la salud
fiscal del país.
La inercia demográfica y la reforma
del sistema de pensiones en España —cuyo gasto bruto escalará hasta el 16,4%
del PIB en 2050— revertirán cualquier viento macroeconómico favorable. La
AIReF proyecta que, a partir de 2035, el incremento de los déficits
estructurales provocará que la bola de nieve de los intereses crezca por sí
sola, disparando la deuda pública hasta el 123% del PIB de no mediar nuevas
medidas fiscales.
La falacia
del "crecimiento sin sacrificio"
El artículo concluye con una
afirmación tan seductora como peligrosa: la promesa de que nuestros nietos no
tendrán que hacer sacrificios si vivimos en una economía que crece de forma
sostenible gracias a esta aritmética. Ante la pregunta de si nos suena algún
país que esté logrando este proceso, la respuesta histórica y empírica es
clara: ninguno.
Fiar el bienestar de las próximas
generaciones a que las variables macroeconómicas se alineen perpetuamente a
nuestro favor es un acto de irresponsabilidad fiscal. Confundir el crecimiento
nominal a corto plazo (inflado por el gasto público y la devaluación monetaria)
con la verdadera "sostenibilidad" es el mismo error que cometieron
economías como la griega antes de la crisis de 2010: creer que el dinero barato
duraría para siempre.
Desengañémonos: la deuda de hoy
es el impuesto de mañana. Si el Estado absorbe los recursos presentes para
financiar gasto corriente ineficiente, nuestros nietos sí harán sacrificios.
Los harán en forma de una economía con menor inversión privada, salarios
estancados, mayor presión fiscal para pagar los intereses de la mochila que les
dejamos y unos servicios públicos asfixiados por el peso de la deuda.
Conclusión
La ecuación de sostenibilidad fiscal
no debe utilizarse como un analgésico político para postergar las reformas
estructurales necesarias. A medida que los títulos de deuda antiguos venzan y
el Tesoro deba refinanciar la cartera a los tipos de interés actuales (muy
superiores a los de la década pasada), el coste financiero del Estado (\(r\))
subirá de forma sostenida.
Para un liberal, la única vía genuina, sana y duradera para lograr que el crecimiento supere al coste de la deuda es la disciplina fiscal, la desregulación, la reducción del gasto público improductivo y el protagonismo de la iniciativa privada. La estabilidad económica no se decreta mediante la manipulación de variables macroeconómicas; se construye liberando las fuerzas de la producción.
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