lunes, 10 de agosto de 2026

EL MISTERIO DE LOS BARES EN ESPAÑA: ¿CÓMO PODEMOS GASTAR MENOS Y SEGUIR VIÉNDOLOS LLENOS?

 













España sigue siendo un país de bares. Basta salir cualquier tarde para encontrar terrazas ocupadas, cafeterías con clientes en la barra y mesas que cuesta conseguir. Pero cuando uno mira los datos de gasto de los hogares aparece una realidad mucho más compleja.

La Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) del Instituto Nacional de Estadística muestra que, entre 2018 y 2025, el gasto real de los hogares cayó con fuerza en algunas de las categorías más vinculadas al consumo tradicional de bares y ocio nocturno. El gasto real medio por hogar en menús del día en bares y restaurantes se redujo alrededor de un 50,6%. Las consumiciones en bares y cafeterías disminuyeron un 25,0%, mientras que el gasto en pubs y discotecas cayó un 58,5%.
















Pero hay otra cara de la historia. El gasto real en comidas y cenas en restaurantes aumentó un 6,5%, mientras que los servicios de comida rápida y comida para llevar crecieron un 17,9%.











Fuente: INE.

La fotografía que dibujan los datos no es, por tanto, la de una desaparición de la hostelería. Es la de un cambio en la manera de consumirla.

La inflación importa, pero no explica por sí sola la caída

Entre julio de 2018 y diciembre de 2025, el IPC general nacional aumentó un 24,2%, según la calculadora oficial del INE.  En términos sencillos, aquello que costaba 100 euros en julio de 2018 requería unos 124,20 euros a finales de 2025 para mantener un poder de compra equivalente.








Pero aquí está la clave metodológica del artículo. Los porcentajes de gasto que utilizamos proceden de la tabla de la EPF que presenta los importes eliminando el efecto de la inflación. Es decir, estamos comparando el gasto en términos reales, no simplemente los euros que las familias desembolsaron en cada año. Por eso sería incorrecto decir que la inflación explica directamente, por ejemplo, el desplome real del 50,6% del gasto en menús del día. La subida de precios puede haber influido en las decisiones de los hogares, pero el dato real nos está diciendo algo más profundo ya que incluso descontando el efecto de la inflación, los hogares destinan hoy mucho menos gasto a determinadas fórmulas tradicionales de hostelería que en 2018.

Y ahí empieza la verdadera historia.

El menú del día pierde la mitad de su gasto real

Una de las categorías que mejor refleja el cambio es el menú del día. Según la EPF, el gasto real medio por hogar en menús del día en bares y restaurantes pasó de 287,15 euros en 2018 a 141,93 euros en 2025. La diferencia supone una caída del 50,6%. Es una reducción extraordinaria para un producto que durante décadas ha formado parte de la rutina laboral de muchos trabajadores  españoles.

Pero hay que interpretar correctamente el dato. Un 50,6% menos de gasto no significa un 50,6% menos de menús servidos. La EPF mide el gasto de los hogares. No cuenta cuántos menús vende cada restaurante ni cuántas personas comen fuera cada día. La reducción del gasto puede responder a diferentes combinaciones como menor frecuencia, sustitución por alternativas más económicas, comidas realizadas en casa, cambios en las rutinas laborales o modificaciones en las preferencias de los consumidores.

Con estos datos podemos medir el descenso del gasto. No podemos atribuir por sí solos el descenso a una causa concreta.

También gastamos menos en bares y cafeterías

La misma tendencia aparece en las consumiciones tradicionales. El gasto real medio por hogar en bares y cafeterías pasó de 1.054,91 euros en 2018 a 790,82 euros en 2025. Eso supone un descenso del 25,0%. Y aquí aparece la gran paradoja. Podemos encontrarnos un bar lleno y, al mismo tiempo, observar una reducción del gasto real de los hogares en esa categoría. ¿Por qué? Porque el número de clientes y el dinero gastado no son la misma variable.

Un cliente puede seguir entrando en el bar, pero pedir una sola consumición en lugar de dos. Puede compartir una ración. Puede tomarse un café y marcharse. Puede salir con la misma frecuencia pero reducir el importe de cada visita. O puede reducir las comidas fuera de casa y mantener únicamente aquellos momentos sociales que considera más importantes. Desde la calle, el establecimiento puede parecer igual de lleno. En la estadística de gasto de los hogares, el comportamiento puede ser muy diferente.

Un bar lleno no significa necesariamente una caja llena.

 El ocio nocturno es el que más retrocede

La transformación es todavía más pronunciada en pubs y discotecas. El gasto real medio por hogar en consumiciones en pubs y discotecas pasó de 31,67 euros en 2018 a 13,13 euros en 2025. La caída alcanza el 58,5%. Es la mayor reducción de las categorías que estamos analizando. Este dato es compatible con una transformación de las formas de ocio nocturno, aunque la EPF no permite determinar por sí sola qué factores concretos están detrás de ella. El precio, los horarios, nuevas formas de ocio, los cambios generacionales o la sustitución de determinadas salidas por reuniones privadas pueden ser hipótesis razonables. Pero serían eso: hipótesis. Los datos del INE nos permiten afirmar que el gasto real ha caído. No nos permiten atribuir automáticamente esa caída a una única causa.

No toda la hostelería pierde

Y aquí aparece quizá el dato más interesante de todos. Si estuviéramos ante un abandono generalizado del consumo fuera de casa, cabría esperar caídas más generalizadas entre las distintas categorías. Pero no es lo que muestran los datos.

El gasto real medio por hogar en comidas y cenas en restaurantes aumentó de 743,08 euros en 2018 a 791,33 euros en 2025. El incremento es del 6,5%. Y los servicios de comida rápida y comida para llevar pasaron de 181,17 euros a 213,59 euros, un aumento del 17,9%.

La conclusión cambia por completo. No parece adecuado hablar simplemente de una retirada de los españoles de la hostelería. Lo que observamos es una redistribución del gasto entre distintos formatos. Menos menú del día. Menos consumiciones tradicionales en bares y cafeterías. Mucho menos gasto en pubs y discotecas. Pero más gasto real en determinadas fórmulas de restauración y comida rápida o para llevar.

Del menú cotidiano a otros formatos

¿Qué puede estar detrás de este cambio? Aquí debemos separar los datos de las posibles explicaciones. La EPF no pregunta directamente si una familia ha dejado de consumir menú porque teletrabaja, porque utiliza un tupper o porque considera demasiado caro comer fuera. Por tanto, no podemos atribuir el descenso del menú del día a ninguna de esas causas exclusivamente.

Pero sí podemos plantear una hipótesis razonable y es que el consumidor puede estar manteniendo determinados momentos de consumo social y reduciendo otros que considera menos imprescindibles.  Una comida diaria puede sustituirse por una opción más sencilla. Una consumición puede convertirse en una sola bebida. Una salida nocturna puede sustituirse por una reunión en casa. Y una comida especial puede mantenerse mientras se recortan otros gastos cotidianos.Los datos son compatibles con esta transformación, pero no permiten medir cuánto pesa cada una de estas conductas.

Entonces, ¿está muriendo la hostelería?

No podemos llegar a esa conclusión a partir de la EPF. La encuesta mide el gasto de los hogares, no la supervivencia o desaparición de establecimientos concretos. Además, la propia EPF obliga a distinguir entre categorías muy diferentes dentro del consumo hostelero: un menú del día no es lo mismo que una cena en un restaurante; una consumición en un bar no es lo mismo que una comida para llevar; y un pub o una discoteca responden a patrones de consumo distintos.

¿Y por qué seguimos viendo los bares llenos?

Aquí es donde debemos ser especialmente prudentes. La EPF es una encuesta nacional sobre el gasto de los hogares. No mide cuántas personas hay sentadas en una terraza, cuántas visitas recibe un bar ni cuál es la ocupación de los establecimientos. Su objetivo es medir la naturaleza y el destino del gasto de consumo de los hogares. Por tanto, no podemos utilizar estos datos para demostrar que los bares están igual de llenos que en 2018.

Pero tampoco existe una contradicción estadística entre un descenso del gasto real y la percepción de que determinados bares siguen llenos. Puede haber menos gasto por visita. Puede haber cambios en la frecuencia. Puede cambiar el tipo de producto consumido. Puede concentrarse el consumo en determinados establecimientos y horarios. Y puede haber consumidores que reduzcan determinadas partidas mientras mantienen otras. Todo ello puede producir una imagen perfectamente compatible: un bar lleno de gente y un menor gasto real medio por hogar en esa categoría.

La verdadera historia: no necesariamente salimos menos, gastamos de otra manera

Los datos del INE no permiten afirmar que los españoles hayan dejado de salir ni que acudan a los bares con la misma frecuencia que en 2018. Lo que sí muestran es algo mucho más concreto, la composición de nuestro gasto en hostelería ha cambiado. El menú del día pierde la mitad de su gasto real. Las consumiciones en bares y cafeterías retroceden una cuarta parte. Los pubs y discotecas pierden más de la mitad.

Mientras tanto, las comidas y cenas en restaurantes aumentan un 6,5% y los servicios de comida rápida y para llevar crecen un 17,9%. No estamos ante una fotografía de abandono generalizado del consumo hostelero. Estamos ante una fotografía de cambio de hábitos, de formatos y de prioridades de gasto. Seguimos viendo terrazas llenas. Pero no podemos confundir una terraza llena con un aumento del gasto. Ni un descenso del gasto con la desaparición de los clientes. Porque quizá la verdadera transformación de los bares españoles sea precisamente esa: no hace falta que desaparezcan los clientes para que cambie profundamente el negocio. Basta con que cambie lo que piden, cuánto gastan y cuándo deciden hacerlo.

 

Nota metodológica

Los datos de gasto utilizados proceden de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) del INE, concretamente de la tabla de resultados por códigos de gasto que presenta los importes eliminando el efecto de la inflación. La comparación utiliza el gasto total medio por hogar de 2018 y 2025 y los porcentajes son cálculos propios sobre esos importes. La EPF recoge el gasto de los hogares y no mide directamente el número de clientes, visitas, comidas o consumiciones realizadas en los establecimientos. La edición 2025 es la última publicada y sus resultados definitivos se difundieron el 25 de junio de 2026.

Fuente principal: INE — EPF, tabla de gasto por códigos de gasto (5 dígitos COICOP 2018/EPF)

IPC: INE — cálculo de variación del IPC, julio de 2018 a diciembre de 2025



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