viernes, 21 de agosto de 2026

EEUU QUIERE ABARATAR SU DEUDA: LA PELIGROSA APUESTA POR FINANCIARSE A CORTO PLAZO

 

Introducción

Estados Unidos se enfrenta a una paradoja cada vez más incómoda. Por un lado, sigue necesitando cantidades enormes de financiación para cubrir sus déficits presupuestarios. Por otro, el coste de financiar esa deuda ha aumentado de forma significativa, especialmente en los vencimientos largos.

En agosto de 2026, la deuda pública estadounidense ha superado los 40 billones de dólares, mientras que la rentabilidad del bono a 30 años ha llegado a situarse por encima del 5,3%, niveles que no se veían desde hace casi dos décadas. Al mismo tiempo, los intereses de la deuda se han convertido en una de las mayores partidas del presupuesto federal.








Ante esta situación, el Tesoro estadounidense está utilizando una estrategia que, explicada de forma muy sencilla, consiste en recomprar parte de la deuda de largo plazo y financiar esa operación mediante deuda de vencimiento más corto.

La idea puede parecer sencilla. Si financiarse a 30 años resulta demasiado caro, ¿por qué no pedir prestado a corto plazo, que cuesta menos, y esperar a que los tipos largos bajen? El problema es que esto no elimina el riesgo. Lo transforma. Y esa transformación puede tener consecuencias importantes no solamente para EEUU, sino también para el dólar, los mercados financieros internacionales y el resto de economías del mundo.

Cómo está organizado el sistema financiero estadounidense

Antes de entender la estrategia hay que separar dos instituciones que con frecuencia se confunden: el Tesoro de EEUU y la Reserva Federal no son lo mismo.

El Tesoro: el “ministerio de Hacienda” estadounidense

El US Department of the Treasury es el organismo encargado de las finanzas del Gobierno federal. Entre sus funciones está financiar el déficit mediante la emisión de deuda pública.

Cuando el Gobierno estadounidense gasta más de lo que recauda mediante impuestos, necesita pedir prestada la diferencia. Para ello emite distintos tipos de valores:

·         Treasury bills: deuda de muy corto plazo;

·         Treasury notes: deuda de varios años;

·         Treasury bonds: deuda de largo plazo;

·         TIPS: deuda protegida frente a la inflación;

·         Floating Rate Notes, entre otros.

Por tanto, cuando hablamos de que “EEUU emite deuda”, estamos hablando fundamentalmente del Tesoro. El Tesoro no decide solamente cuánto dinero necesita captar. También decide a qué plazos quiere endeudarse. Y esa segunda decisión es muy importante.

La Reserva Federal: el banco central

La Federal Reserve, por su parte, es el banco central de EEUU. Su función principal no es financiar directamente el déficit del Gobierno, sino conducir la política monetaria y mantener la estabilidad del sistema financiero y monetario.

La Fed influye especialmente sobre los tipos de interés de corto plazo y sobre las condiciones monetarias. También tiene un enorme balance, compuesto en buena parte por títulos financieros, entre ellos deuda pública estadounidense. Pero existe una diferencia fundamental: Cuando el Tesoro recompra deuda, está haciendo gestión de deuda pública. Cuando la Reserva Federal compra deuda como parte de su política monetaria, estamos ante una operación monetaria diferente. Esta distinción es esencial para entender lo que está sucediendo.

La tercera pieza: la cuenta del Gobierno en la Fed

El Tesoro mantiene una cuenta en la Reserva Federal denominada Treasury General Account (TGA). Podemos imaginarla como la cuenta corriente del Gobierno federal. Cuando el Gobierno recauda impuestos, aumenta su saldo. Cuando paga pensiones, salarios, proveedores o intereses de la deuda, disminuye.

En agosto de 2026, por ejemplo, el Tesoro prevé mantener alrededor de 950.000 millones de dólares en efectivo al cierre de septiembre y estima que el saldo de la TGA podría alcanzar aproximadamente 1,05 billones durante octubre. Esto nos permite visualizar el sistema como tres grandes piezas:

Tesoro → emite deuda

Mercados → compran esa deuda

Reserva Federal → gestiona la política monetaria y actúa como banco del Gobierno

¿Qué está intentando hacer el Tesoro?

Aquí llegamos al núcleo de la cuestión. Supongamos que el Tesoro tiene que financiar 1 billón de dólares. Tiene dos alternativas simplificadas:

Alternativa A: deuda a largo plazo

Emite:

1 billón a 30 años al 5,3%

Ha conseguido financiación durante tres décadas.

El coste inicial sería aproximadamente:

53.000 millones de dólares anuales

Pero ha eliminado el riesgo de tener que refinanciar ese billón cada pocos meses.

Alternativa B: deuda a corto plazo

En lugar de emitir 30 años, puede emitir letras a tres meses.

Supongamos que el coste es del 4%.

El coste anualizado sería:

40.000 millones de dólares.

A primera vista parece un negocio fantástico. El Tesoro se ahorra unos 13.000 millones al año. Pero hay una trampa fundamental: los tres meses pasan. Cuando llegue el vencimiento tendrá que emitir nueva deuda para devolver la anterior. Si los tipos siguen en el 4%, perfecto. Pero si han subido al 6%, tendrá que refinanciarse al 6%. Y si suben al 8%, al 8%.

Por tanto: La deuda corta puede ser más barata hoy, pero es mucho más sensible a los tipos de interés futuros.







¿Dónde entran entonces las recompras?

Aquí está la otra mitad de la estrategia. Supongamos que en el mercado existe un bono estadounidense a 30 años. Su precio ha caído porque los inversores exigen una rentabilidad mayor. El Tesoro puede acudir al mercado y decir: “Estoy dispuesto a recomprar esos bonos.”

Cuando aumenta la demanda de un bono, su precio tiende a subir. Y como precio y rentabilidad se mueven en sentido contrario: precio del bono sube → rentabilidad baja. Por tanto, las recompras pueden contribuir a reducir las rentabilidades de los bonos largos.

El Tesoro ha anunciado para el trimestre agosto-octubre de 2026 hasta 38.000 millones de dólares de recompras de títulos antiguos para aportar liquidez al mercado, además de hasta 25.000 millones de recompras en el tramo de 1 mes a 2 años destinadas a gestión de caja. Y el 19 de agosto anunció que duplicaría el tamaño de determinadas operaciones de recompra de bonos de 10 años o más, pasando de un máximo de 2.000 millones a al menos 4.000 millones por operación. La medida se produjo después de que el bono a 30 años llegara a aproximadamente 5,34%.

¿Significa esto que EEUU está reduciendo su deuda?

No. Y esta es probablemente la idea más importante de todo el artículo.

Imaginemos:

Antes

·         100.000 millones de deuda a 30 años.

El Tesoro recompra esos 100.000 millones.

Para conseguir el dinero, emite:

·         100.000 millones de letras a corto plazo.

Resultado:

Deuda larga: -100.000 millones

Deuda corta: +100.000 millones

Deuda total: aproximadamente igual.

El Tesoro ha cambiado la composición de la deuda, no necesariamente su volumen. El propio Tesoro señala que espera que las recompras no tengan un efecto significativo sobre el endeudamiento neto en manos privadas porque las nuevas emisiones sustituyen los títulos recomprados.

La apuesta que hay detrás

Esta operación puede interpretarse como una apuesta sobre los tipos de interés.

El Tesoro está diciendo, implícitamente: “Prefiero no bloquear ahora un tipo elevado durante 10, 20 o 30 años. Prefiero financiarme a corto y esperar que las condiciones monetarias mejoren.” Si los tipos bajan en el futuro, la estrategia puede funcionar. Pero si los tipos suben, el Tesoro habrá conseguido exactamente lo contrario de lo que pretendía. Habrá aumentado su exposición al coste de refinanciación.

El problema se vuelve mucho mayor con déficit

Aquí está la verdadera dificultad. EEUU no solamente tiene que refinanciar la deuda que vence. Tiene además que financiar un déficit presupuestario persistente.

Supongamos un ejemplo muy simplificado:

Deuda que vence: 5 billones

Déficit anual: 2 billones

El Tesoro necesita captar: 7 billones

No necesariamente tiene que emitir exactamente esos 7 billones en letras, pero conceptualmente el mecanismo es ese:

5 billones → refinanciar deuda existente

2 billones → financiar nuevo déficit

Y al año siguiente vuelve a ocurrir. Por eso, cuanto mayor sea el porcentaje de deuda de corto plazo, mayor será la cantidad que tiene que pasar continuamente por el mercado de refinanciación. La rueda tiene que girar constantemente.

El peligro: transformar el riesgo de tipos en riesgo de refinanciación

Esta es la forma más precisa de describir la estrategia. Si EEUU emite un bono a 30 años al 5,3%, asume un coste elevado, pero conocido. Si emite una letra a tres meses al 4%, disfruta de un coste menor, pero solamente durante tres meses.

Por tanto:

Deuda larga

Coste elevado + seguridad de financiación

Deuda corta

Coste potencialmente menor + riesgo de refinanciación

La estrategia consiste en apostar a que el segundo riesgo será preferible al primero.

Riesgos: ¿qué puede salir mal?

Hay varios riesgos.

1. Que los tipos de interés no bajen

Este es el riesgo más evidente.

Si el Tesoro se financia a corto esperando que los tipos bajen y finalmente permanecen altos, tendrá que renovar continuamente su deuda a tipos elevados.

El supuesto ahorro inicial desaparece.

2. Que los tipos largos sigan subiendo

Aquí aparece una cuestión todavía más preocupante. El Tesoro puede comprar bonos largos para intentar contener sus rentabilidades. Pero el mercado puede responder: “El problema no es la liquidez del bono. El problema es que EEUU tiene demasiado déficit y demasiada deuda.” En ese caso, las recompras pueden tener un efecto limitado.

Eso es precisamente lo que ha ocurrido recientemente: las rentabilidades largas cayeron inicialmente después del anuncio de las recompras, pero posteriormente volvieron a subir mientras persistían las dudas sobre inflación, déficit y sostenibilidad fiscal.

3. El círculo deuda → intereses → déficit

Este es probablemente el riesgo estructural más importante.

Imaginemos:

Déficit alto

más deuda

mayor cantidad de intereses

mayor déficit

más deuda

mayor oferta de bonos

mayor rentabilidad exigida por los inversores

mayores intereses

Y volvemos a empezar. No significa que EEUU vaya a quebrar como una empresa o como un país que se endeuda en una moneda extranjera. EEUU tiene una ventaja extraordinaria: emite la moneda en la que está denominada su deuda. Pero eso no significa que pueda endeudarse infinitamente sin consecuencias.

El ajuste puede aparecer mediante inflación, depreciación del dólar, mayores tipos reales, menor crecimiento o una combinación de todos ellos.

4. El riesgo de perder credibilidad

Hay algo todavía más intangible pero fundamental: la confianza. El mercado de deuda estadounidense funciona porque los inversores consideran que los Treasury son uno de los activos financieros más seguros y líquidos del mundo.

Si los inversores empiezan a interpretar las recompras como una intervención destinada a impedir que los tipos reflejen libremente el riesgo fiscal, podrían exigir una mayor prima de rentabilidad. Es decir: el intento de bajar artificialmente los tipos podría terminar provocando tipos más altos. Es una paradoja importante.

5. ¿Y la Reserva Federal?

Aquí debemos volver a separar las piezas. La Fed puede reducir los tipos de corto plazo. Eso favorecería al Tesoro si este se ha financiado cada vez más mediante letras. Pero la Fed no puede simplemente decidir: “Vamos a mantener todos los tipos bajos para que el Gobierno pueda pagar su deuda.”

Su política monetaria tiene que responder también a la inflación y a las condiciones económicas. Además, los tipos largos no están completamente controlados por la Fed.

El bono a 30 años depende de las expectativas de:

·         inflación;

·         crecimiento;

·         tipos futuros;

·         oferta de deuda;

·         demanda de Treasuries;

·         prima por plazo;

·         riesgo fiscal.

Por eso la Fed puede bajar los tipos de corto plazo y, al mismo tiempo, el bono a 30 años puede seguir subiendo.

 

 

La diferencia entre el Tesoro y la Fed es crucial

Podemos resumirlo así:

Tesoro

Reserva Federal

Financia al Gobierno

Conduce la política monetaria

Emite deuda

Controla los tipos de referencia

Gestiona vencimientos

Gestiona reservas bancarias

Puede recomprar Treasuries

Puede comprar o vender activos

Gestiona la TGA

Tiene su propio balance

Política fiscal/financiera

Política monetaria

La Fed puede comprar Treasury securities y aumentar las reservas del sistema bancario. Eso sí puede formar parte de una política monetaria expansiva, como ocurrió con el quantitative easing (QE). Pero una recompra de deuda por parte del Tesoro, financiada mediante nuevas emisiones, no es lo mismo que un QE: en este caso, el Tesoro simplemente está cambiando la composición de su deuda, sustituyendo deuda de un determinado vencimiento por otra de diferente plazo. Sin embargo, si la acumulación de deuda y el aumento de los costes de financiación llegan a condicionar las decisiones de política monetaria de la Fed, puede aparecer lo que se denomina dominancia fiscal.

¿Qué es exactamente la dominancia fiscal?

La forma más sencilla de explicarlo sería: Existe dominancia fiscal cuando las necesidades de financiación del Gobierno empiezan a condicionar de tal manera la política monetaria que el banco central pierde capacidad para actuar exclusivamente en función de la inflación y la estabilidad económica.

Es decir, normalmente debería funcionar así:

Gobierno → política fiscal

Fed → política monetaria

La Fed puede decir: "Hay demasiada inflación. Subo tipos." Aunque al Gobierno le duela porque sus intereses aumenten. En un escenario de dominancia fiscal, empieza a ocurrir lo contrario: "Si subes demasiado los tipos, el coste de financiación del Gobierno se dispara y la situación fiscal se vuelve insostenible." Entonces aparece una presión enorme sobre la Fed para mantener los tipos artificialmente bajos.

El mecanismo es bastante inquietante

Imaginemos: Deuda = 40 billones $

Supongamos un coste medio del: 5%

Eso serían aproximadamente: 2 billones de dólares de intereses al año.

Ahora imagina que la Fed sube los tipos y los tipos de mercado aumentan. El coste de refinanciar la deuda aumenta. Entonces:

tipos ↑

intereses del Tesoro ↑

déficit ↑

necesidad de emitir deuda ↑

más oferta de Treasury

tipos ↑

Y aparece una dinámica potencialmente explosiva.

¿Y qué puede hacer la Fed?

Aquí aparecen dos caminos.

Camino A: la Fed mantiene su independencia

Dice: "Lo siento, pero hay inflación. Los tipos tienen que estar altos." El Tesoro paga más intereses. El Gobierno tiene que:

  • reducir gasto;
  • aumentar impuestos;
  • aceptar más déficit;
  • o buscar alguna otra forma de ajuste.

Es el camino doloroso pero monetariamente disciplinado.

Camino B: la Fed cede

La Fed piensa: "Si dejo que los tipos suban demasiado, el Tesoro tendrá problemas." Entonces mantiene los tipos bajos o compra grandes cantidades de Treasury. Y aquí aparece el concepto de: monetización de la deuda

La Fed empieza a absorber una parte importante de la deuda que el mercado privado no quiere absorber a los tipos que el Gobierno necesita. La Fed crea reservas:

Fed → crea dinero de banco central

compra Treasury

aumenta la demanda de deuda

contiene las rentabilidades

Esto puede aliviar al Tesoro. Pero tiene un problema: si se hace persistentemente mientras existe presión inflacionaria, puede terminar alimentando la inflación. Y entonces tienes: déficit fiscal → emisión de deuda → Fed compra deuda → expansión monetaria → inflación → pérdida de poder adquisitivo del dólar.

Y aquí aparece el verdadero peligro

La dominancia fiscal no significa simplemente "la Fed imprime dinero para pagar la deuda". Es algo más sutil. Significa que la política monetaria empieza a estar subordinada a las necesidades fiscales. Por ejemplo: La Fed considera que debería subir los tipos al 6%. Pero piensa: "Con una deuda de 40+ billones, un 6% de coste medio acabaría generando unos intereses enormes." Entonces decide subir solamente al 4%.

Eso puede parecer una decisión monetaria normal. Pero si el motivo real para no subir al 6% es proteger al Tesoro, tenemos un problema de dominancia fiscal.

Efectos: ¿qué puede pasar con el dólar?

Aquí entramos en la parte más interesante para el resto del mundo. El dólar no es simplemente la moneda de EEUU. Es la principal moneda utilizada en el sistema financiero internacional.

El Banco de Pagos Internacionales señala que aproximadamente la mitad de los préstamos bancarios transfronterizos y de los títulos de deuda internacionales están denominados en dólares. Además, el dólar continúa representando alrededor del 57% de las reservas oficiales de divisas asignadas, según la metodología revisada del FMI para los datos COFER del segundo trimestre de 2025.

Esto significa que una alteración importante de la confianza en los activos estadounidenses puede transmitirse al resto del planeta.

¿Una estrategia de deuda más agresiva puede debilitar el dólar?

Sí, pero no necesariamente. Hay dos fuerzas contrapuestas.

Fuerza 1: tipos estadounidenses altos

Si los Treasury ofrecen rentabilidades elevadas: capital internacional → activos estadounidenses

Esto puede fortalecer el dólar.

Fuerza 2: pérdida de confianza

Si los inversores creen que EEUU está utilizando políticas cada vez más agresivas para mantener artificialmente bajos los costes de financiación:

menos demanda relativa de activos estadounidenses

menos demanda de dólares

presión bajista sobre el dólar

Por eso la reacción del dólar es una de las variables más importantes que hay que observar. Y ya estamos viendo señales de esa sensibilidad: tras el anuncio de mayores recompras, el dólar inicialmente cayó, mientras aumentaron las compras de oro y bitcoin; posteriormente recuperó parte del terreno. El 21 de agosto el dólar acumulaba una caída semanal cercana al 0,9% frente a una cesta de divisas.

El escenario realmente peligroso para el dólar

No sería simplemente que EEUU tuviera mucha deuda. El verdadero problema sería una combinación de: déficits elevados, inflación persistente, tipos largos elevados,  intervenciones para contenerlos, pérdida de confianza de los inversores extranjeros.

En ese escenario podría producirse una dinámica muy incómoda:

más déficit

más deuda

más inflación/riesgo fiscal

mayor rentabilidad exigida

intervenciones para contener los tipos

menor confianza en el dólar

depreciación del dólar

mayor inflación importada

la Fed tiene más dificultades para bajar tipos

Es un escenario extremo, no una predicción. Pero es precisamente el tipo de dinámica que explica por qué la estructura de financiación de EEUU importa mucho más allá de sus fronteras.

¿Y qué pasa con Europa y el resto del mundo?

Aquí aparece el efecto dominó. Los Treasury estadounidenses funcionan como una referencia fundamental para el precio del dinero mundial. Si el rendimiento del Treasury a 10 o 30 años sube significativamente, aumenta el coste de oportunidad de invertir en otros activos.

Por ejemplo, una empresa europea puede preguntarse: “¿Para qué voy a asumir riesgo empresarial en Europa si puedo obtener una rentabilidad elevada comprando deuda estadounidense?”

Eso puede provocar: capital → EEUU y presionar a la baja otras divisas.

Pero también puede suceder lo contrario. Si el mercado empieza a desconfiar de los Treasury y del dólar: capital → Europa / Japón / mercados emergentes / oro

Esto puede fortalecer otras monedas y reducir los costes de financiación relativos de algunos países.

El gran problema para los países emergentes

Muchos países emergentes tienen deuda o financiación denominada en dólares. Para ellos, los movimientos del dólar son especialmente importantes.

Un dólar muy fuerte puede significar:

dólar ↑

deuda en dólares más cara en moneda local

mayor carga financiera

más presión sobre sus economías

Por eso las decisiones sobre deuda estadounidense pueden terminar afectando a países que están a miles de kilómetros de Washington.

¿Puede EEUU perder el privilegio del dólar?

No es algo que vaya a ocurrir automáticamente por tener una deuda elevada. El dólar tiene unas ventajas extraordinarias:

·         tamaño de la economía estadounidense;

·         profundidad de los mercados financieros;

·         enorme mercado de Treasury securities;

·         liquidez;

·         capacidad de EEUU para emitir deuda en su propia moneda;

·         papel central del dólar en comercio y financiación internacional;

·         ausencia de un sustituto claramente equivalente.

El propio BIS (Banco de Pagos Internacionales) destaca que la profundidad y liquidez de los mercados en dólares son una de las razones fundamentales de su papel internacional.

Por tanto, la cuestión no es: “¿Va  a desaparecer el dólar?”. La cuestión más realista es: “¿Puede reducirse gradualmente la proporción de riqueza mundial que los inversores quieren mantener en activos denominados en dólares?” Y eso sí es perfectamente posible. No hace falta una revolución monetaria. Basta con una diversificación progresiva.

Una paradoja interesante

La estrategia del Tesoro puede tener un efecto curioso.

Si consigue reducir las rentabilidades largas:

Treasuries ↓ rentabilidad

menor atractivo relativo

potencialmente menor demanda internacional

presión sobre el dólar

Pero si los tipos permanecen altos:

Treasuries ↑ rentabilidad

mayor atractivo

más demanda de dólares

aunque: coste de financiación del Gobierno ↑

Es decir: El dólar puede beneficiarse de unos tipos altos, mientras que el Gobierno estadounidense sufre precisamente porque esos tipos son altos.

Esta tensión es fundamental para entender el problema.

Conclusión: EEUU no está eliminando el problema, está comprando tiempo

La estrategia del Tesoro estadounidense tiene lógica. Si los tipos largos son demasiado elevados, puede resultar racional reducir la dependencia de emisiones largas y utilizar más deuda corta, especialmente si se espera que los tipos de interés bajen. Las recompras pueden además mejorar la liquidez de determinados segmentos del mercado y ejercer cierta presión a la baja sobre las rentabilidades largas.

Pero existe una diferencia fundamental entre solucionar un problema y ganar tiempo. La estrategia no elimina el déficit. No elimina la deuda. No elimina los intereses. Y tampoco elimina el riesgo de tipos. Lo transforma. EEUU pasa de asumir: “Voy a pagar un tipo elevado durante muchos años.” a asumir: “Voy a financiarme más barato ahora y espero que dentro de unos meses o años las condiciones sean mejores.” Eso puede funcionar. Pero si los tipos permanecen elevados, la estrategia se convierte en una apuesta cada vez más arriesgada. Y cuanto mayor sea el déficit, mayor será el tamaño de esa apuesta.

Por eso, la cuestión fundamental para los próximos años no será solamente cuánto debe EEUU. Será a qué plazo está financiando esa deuda, a qué tipo puede renovarla y, sobre todo, cuánto confían los inversores mundiales en seguir manteniendo sus ahorros en dólares y Treasury securities.

La verdadera prueba no será si el Tesoro puede bajar temporalmente la rentabilidad de un bono mediante una recompra. La verdadera prueba será si puede hacerlo sin que el mercado interprete que está intentando ocultar mediante ingeniería financiera un problema fiscal que solamente puede resolverse con menor déficit, mayor crecimiento, más impuestos, menor gasto o una combinación de los anteriores. Porque llegado ese punto, la variable que podría terminar pagando la factura no sería únicamente el Tesoro.

Podría ser también el dólar.

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