Introducción:
tres crisis, un mismo origen
España
atraviesa una tormenta perfecta en sanidad. Tres frentes confluyen al mismo
tiempo:
1.
Una
huelga masiva de médicos
paraliza la atención primaria y hospitalaria, denunciando condiciones laborales
insostenibles y falta de reconocimiento profesional.
2.
Audios
filtrados
revelan que gestores de hospitales públicos concertados manipulan listas de
espera para reducir costes y maximizar beneficios.
3.
El
caso Leire Díez
pone al descubierto redes clientelares que se han apropiado de decisiones
estratégicas del Estado y empresas públicas.
La
reacción habitual busca culpables individuales: médicos “privilegiados”,
políticos que “privatizan” o “malgestionan”. Sin embargo, desde una perspectiva
liberal, estas crisis son el resultado
lógico de un sistema diseñado con incentivos perversos, donde
el monopolio estatal se combina con discrecionalidad política sin límites. El
problema no es el mercado ni el Estado puro: es el intervencionismo realmente existente.
La
huelga médica: síntoma de un monopolio laboral
Más allá del dinero: la falta de competencia
Los
médicos tienen razones de peso: turnos extenuantes, sobrecarga asistencial,
burocracia creciente, burnout y fuga de talento al extranjero. Pero incrementar su salario dentro del
mismo modelo no resolverá la raíz del problema. El Sistema
Nacional de Salud (SNS) funciona como un oligopolio
público: las comunidades autónomas son el empleador casi
exclusivo de los profesionales con financiación pública.
Tres patologías estructurales
1.
Rigidez
salarial y profesional:
La remuneración no refleja la escasez ni la complejidad de cada especialidad.
Un urólogo en lista de espera de seis meses y un pediatra en zona rural crítica
cobran lo mismo.
2.
Imposibilidad
de castigar al mal gestor:
Los médicos no pueden trasladarse libremente a un hospital mejor gestionado. La
única salida es la huelga, dejando al paciente como rehén.
3.
Planificación
central sin información de mercado: Numerus clausus, plazas MIR y distribución territorial
se deciden por criterios políticos, no por demanda real. El resultado es
escasez estructural que no se resuelve con subidas salariales puntuales.
Desde
esta óptica, la huelga no es un conflicto de clases, sino un choque dentro de un monopolio donde
el usuario no tiene voz ni voto. En un mercado saludable, estas
tensiones se resolverían con movilidad y competencia de empleadores.
Listas
de espera: el capitalismo de amiguetes disfrazado de eficiencia
Incentivos perversos en la capitación rígida
Los
audios del CEO del grupo Ribera en Torrejón son ilustrativos: “Hay que desandar
el camino y volver a subir las listas de espera para gastar menos y ganar más”.
Con el sistema de capitación, los hospitales reciben una cantidad fija por
habitante: gastar más
reduce el margen, gastar menos lo aumenta.
Esto
no es mercado; es un
capitalismo de amiguetes con tres ingredientes tóxicos:
·
Monopolio
territorial: el
ciudadano está adscrito a un hospital por su domicilio, sin libertad de elección
real.
·
Pagador
político: los
incentivos los fija la Comunidad Autónoma, no la demanda del paciente.
·
Contratos
opacos:
concesiones de largo plazo con mínima competencia y transparencia.
El
resultado es previsible: los pacientes pagan con tiempo, sufrimiento y riesgo clínico,
mientras las cuentas públicas aparentan equilibrio.
La “baratura” de la sanidad pública es un
mito
España
gasta relativamente poco como porcentaje del PIB en sanidad pública, pero a
costa de tiempos de
espera crecientes: más de 800.000 personas en listas
quirúrgicas y demoras medias de cuatro meses. El coste no desaparece;
simplemente es invisible
en las cuentas, pero lo paga el ciudadano.
El
caso Leire Díez: captura del sector público
La
trama investigada evidencia que el Estado, con un perímetro empresarial gigantesco,
se convierte en botín político. Sus ingredientes:
·
Nombramientos
por lealtad, no
por mérito.
·
Decisiones
discrecionales
en inversiones y contrataciones que mezclan interés público con beneficio
privado.
·
Coste
para el contribuyente:
no hay mecanismo de salida; no puedes “dejar de comprar” servicios de empresas
públicas.
El
riesgo es claro: cuanto más grande y discrecional es el Estado, más
oportunidades hay para capitalismo
de amiguetes y captura de recursos.
Reformas
necesarias: más libertad de elección, menos discrecionalidad
Una
agenda liberal no busca privatizarlo todo, sino alinear incentivos con el paciente.
Líneas maestras:
1.
Separar
financiación y provisión con competencia real: Cobertura básica financiada por
impuestos, pero con múltiples
aseguradoras y proveedores (públicos y privados) compitiendo
por pacientes. El dinero sigue al paciente, no al hospital.
2.
Portabilidad
y transparencia total:
Listas de espera auditadas y públicas. Si un hospital incumple, el paciente
puede cambiar de proveedor sin coste. La competencia disciplina más que la
inspección política.
3.
Reforma
laboral médica:
Sustituir empleo estatutario rígido por contratos flexibles: salarios según
productividad y escasez, sociedades profesionales y cooperativas.
4.
Acotar
el capitalismo de amiguetes:
Reducir el perímetro de empresas públicas, profesionalizar las restantes y
blindarlas de la injerencia política. Concesiones sanitarias transparentes y
entrada libre de nuevos operadores.
5.
Reforma
fiscal y reasignación de recursos: Redistribuir gasto improductivo hacia sanidad eficiente
donde el ciudadano tenga poder
de decisión directa.
Conclusión:
el diseño es el problema
La
crisis sanitaria de enero de 2026 no es un fallo de gestión aislado. Es la
explosión de tensiones
acumuladas en un sistema donde:
·
El
monopolio estatal genera conflictos laborales sin salida.
·
Los
modelos híbridos mal diseñados crean incentivos para retrasar atención.
·
La
hipertrofia del Estado empresarial facilita redes clientelares que capturan
recursos públicos.
La
respuesta liberal no es “más Estado” ni “todo mercado”: menos monopolio, más competencia, más
libertad de elección y menos discrecionalidad política. Solo
así la sanidad dejará de ser un campo de batalla entre burocracias y se
convertirá en un servicio que responda realmente a quienes lo financian y lo
necesitan: los ciudadanos.
Cierre
ejecutivo
·
Monopolio
estatal → conflictos laborales y listas de espera.
·
Incentivos
perversos → retraso de atención y fuga de talento.
·
Estado
empresarial hipertrofiado → redes clientelares.
Solución: separar financiación de provisión,
competencia real, contratos flexibles, transparencia total y portabilidad del
paciente. Un diseño institucional correcto transforma tensiones en eficiencia y
servicio real.
No hay comentarios:
Publicar un comentario