Hay titulares que contienen una pregunta y, al mismo tiempo, parecen contener ya la respuesta. “Cae Finlandia: ¿es culpa del gobierno de extrema derecha? “
La pregunta es legítima. La respuesta, sin embargo, es
bastante más complicada. Finlandia atraviesa una situación económica delicada.
El crecimiento lleva años siendo decepcionante, el desempleo se ha elevado, la
productividad lleva tiempo perdiendo dinamismo y las cuentas públicas se han
deteriorado hasta niveles que empiezan a resultar preocupantes. Pero de ahí no
se deduce que todo sea consecuencia del actual Gobierno de Petteri Orpo, que
llegó al poder en 2023. De hecho, si queremos entender qué está pasando en
Finlandia, tenemos que retroceder bastante más.
Y aquí es donde resulta útil separar tres preguntas
diferentes:
- ¿Está
funcionando mal la economía finlandesa?
- ¿Por
qué está funcionando mal?
- ¿Cuánto
de ese mal comportamiento puede atribuirse a las políticas del actual
Gobierno?
La primera pregunta tiene una respuesta bastante
clara. Las otras dos son mucho más interesantes.
1. Finlandia sí tiene un problema
Empecemos por lo más sencillo. La economía finlandesa
sufrió una contracción del 0,9 % en 2023. En 2024 apenas consiguió recuperarse
y las previsiones para 2025 y 2026 siguen apuntando a un crecimiento muy
modesto. La OECD ya advertía en 2025 de que la recuperación finlandesa estaba
siendo considerablemente más débil que la de otros países nórdicos y que la
media de la OECD.
Los datos del Banco Mundial permiten visualizar el
problema a largo plazo:
Pero este gráfico necesita una lectura
cuidadosa.
Que el PIB per cápita haya aumentado a largo plazo no significa que la economía
finlandesa mantenga actualmente un ritmo de crecimiento satisfactorio. Un país
puede seguir siendo rico y, al mismo tiempo, estar perdiendo dinamismo. La
cuestión, por tanto, no es solo cuánto produce Finlandia hoy, sino cuánto está aumentando su capacidad
para producir más en el futuro. Y ahí es donde aparece el verdadero
problema: la productividad.
Porque un país puede aumentar su PIB simplemente
aumentando su población. Lo que realmente determina cuánto puede consumir y
sostener una sociedad a largo plazo es, en buena medida, cuánto produce cada
trabajador. Y aquí Finlandia lleva tiempo teniendo problemas.
2. El problema empezó mucho antes de
Orpo
Este es probablemente el primer punto en el que
conviene matizar cualquier explicación puramente política. Petteri Orpo se
convirtió en primer ministro en junio de 2023. Pero el debilitamiento de la
productividad finlandesa viene de mucho antes.
La OECD sitúa parte importante del problema en la
crisis financiera global, el posterior deterioro de la productividad y el
colapso del ecosistema económico construido alrededor de Nokia. A esto se
añadieron posteriormente los problemas derivados de la ruptura de relaciones
económicas con Rusia y otros shocks geopolíticos. Es decir: el enfermo ya
estaba en la cama cuando llegó el médico. Eso no significa que el médico no
pueda equivocarse. Significa que no podemos atribuirle la enfermedad.
3. Una idea básica: crecimiento =
productividad + factores productivos
El crecimiento económico sostenible depende de nuestra
capacidad para producir más utilizando los recursos disponibles. Podemos
pensar, simplificando mucho, en: PIB = trabajadores × productividad por
trabajador
Por tanto, existen dos caminos básicos para aumentar
la producción:
- tener
más personas trabajando;
- conseguir
que cada trabajador produzca más.
Finlandia tiene dificultades en ambos frentes. La
población está envejeciendo y la población en edad de trabajar afronta una
tendencia demográfica poco favorable.
Al mismo tiempo, la productividad ha perdido dinamismo. Y esta combinación es especialmente peligrosa. Porque significa que Finlandia necesita aumentar simultáneamente la participación laboral y la productividad para mantener el nivel de vida y financiar su Estado del bienestar.
La propia OECD advierte de que, sin cambios
importantes, la población en edad de trabajar comenzará a reducirse en la
década de 2030 y el crecimiento potencial se verá progresivamente limitado.
4. El gran problema escondido: el Estado tiene una factura creciente
Aquí llegamos al corazón del problema. Finlandia
construyó durante décadas un Estado del bienestar extraordinariamente amplio. Eso
no es necesariamente un problema. Un Estado grande puede ser perfectamente
compatible con una economía próspera. La cuestión es otra: ¿Puede la
economía generar suficientes ingresos para financiarlo? Y aquí empiezan a
aparecer las dificultades.
La OECD calcula que desde 2008 el gasto de los
sectores públicos que acumulan deuda ha superado los ingresos, excluyendo
intereses, en una media de aproximadamente 2,3 puntos porcentuales del PIB. Es
decir, no estamos simplemente ante un problema coyuntural provocado por la
pandemia o por el Gobierno actual. Existe un desequilibrio estructural.
Y hay algo revelador y es que una parte muy importante
del aumento del gasto entre 2009 y 2022 procede de la protección social.
5. El envejecimiento convierte el
problema fiscal en algo estructural
Este punto merece especial atención. Una población
envejecida necesita más:
- pensiones;
- sanidad;
- cuidados
de larga duración.
Y, al mismo tiempo, tiene relativamente menos trabajadores
financiando esos servicios mediante impuestos y cotizaciones. La OECD estima
que el gasto relacionado con el envejecimiento (pensiones, sanidad y cuidados
de larga duración) podría pasar de alrededor del 15,5 % del PIB a
aproximadamente el 18,5 % en 2040 si no se producen cambios relevantes. Esto
cambia completamente la naturaleza del debate. No estamos simplemente
preguntándonos: “¿Debe Finlandia recortar el gasto?” La pregunta realmente
importante es: ¿Cómo consigue Finlandia que sus ingresos crezcan más rápido
que sus obligaciones?
Y hay varias respuestas posibles. Puede:
- aumentar
impuestos;
- reducir
prestaciones;
- retrasar
jubilaciones;
- aumentar
empleo;
- atraer
inmigración;
- aumentar
productividad;
- o
combinar todas las anteriores.
Pero ninguna de ellas es políticamente gratuita.
6. Y entonces aparece el Gobierno de
Orpo
El actual Gobierno finlandés está intentando
consolidar las cuentas públicas. Ha introducido recortes de gasto, reformas del
mercado laboral y modificaciones en prestaciones sociales. La OECD reconoce que
se han producido medidas importantes de consolidación fiscal. Por tanto, sí
podemos discutir si las políticas de Orpo son buenas o malas. Pero hay una
dificultad enorme para demostrar que son la causa de la crisis. El
déficit público ya era elevado. En 2024 alcanzó aproximadamente el 4,4 % del
PIB.
Y en 2025 Finlandia siguió registrando déficit: según Statistics Finland, el déficit fue del 3,4 % del PIB y la deuda pública alcanzó el 88,5 % del PIB. La deuda aumentó en 21.100 millones de euros durante ese año.
La pregunta correcta, por tanto, no es “¿Hay déficit después de que Orpo recorte?” La pregunta correcta es “¿Habría sido mayor o menor el déficit sin los recortes de Orpo?” Esto se llama problema del contrafactual (lo que pudo haber sido pero no fue). Y es uno de los conceptos más importantes de cualquier análisis económico serio.
7. Recortar el gasto puede empeorar
el PIB a corto plazo
Aquí podemos hacer una crítica mucho más sofisticada. Supongamos
que el Gobierno reduce el gasto público en 2.000 millones de euros. Eso puede
tener dos efectos contrapuestos. Por un lado: menos gasto → menor demanda
agregada → menor PIB a corto plazo.
Pero por otro: menos gasto → menor déficit → menor
deuda → mayor confianza → potencialmente más inversión y crecimiento futuro.
¿Cuál de los dos efectos domina? Depende. Y depende
enormemente de qué se recorta. No es lo mismo reducir una transferencia que
financiar una infraestructura productiva. No es lo mismo eliminar una subvención
empresarial ineficiente que reducir inversión en educación. No es lo mismo
bajar impuestos al trabajo que reducir gasto que tenía un elevado
multiplicador. Esta es precisamente la razón por la que no basta con decir: “recortar
es bueno” o “recortar es malo”. Hay que preguntar: ¿Qué se
recorta, cuándo y qué alternativa existe?
8. La paradoja finlandesa
Y aquí aparece una paradoja bastante interesante. Finlandia
necesita consolidación fiscal. Pero también necesita crecer. Y necesita crecer
precisamente para que la consolidación fiscal sea sostenible. La OECD lo
expresa de una manera bastante clara: Finlandia necesita mantener la
consolidación fiscal, pero al mismo tiempo impulsar innovación, inversión,
capital humano y productividad. Por tanto: ajuste fiscal + crecimiento de
productividad son las dos piezas que tienen que funcionar simultáneamente.
Si solo tenemos ajuste fiscal, podemos obtener una
economía más pequeña. Si solo tenemos estímulo fiscal, podemos terminar con más
deuda. El problema consiste en conseguir crecimiento suficiente para que el
Estado pueda financiarse sin seguir acumulando deuda.
9. ¿Y qué pasa con los impuestos?
Finlandia mantiene una presión fiscal elevada y un
sistema de transferencias importante. Desde una perspectiva de incentivos, unos
impuestos marginales elevados pueden reducir los incentivos a trabajar más,
invertir o emprender. Pero también hay que tener cuidado. El hecho de que
Finlandia tenga impuestos altos no demuestra que los impuestos altos sean la
causa de su estancamiento. Necesitaríamos comparar Finlandia con países que
tienen:
- una
estructura fiscal similar;
- un
Estado del bienestar parecido;
- una
población comparable;
- instituciones
similares;
- y,
sobre todo, una evolución de productividad diferente.
Y ahí aparecen los otros países nórdicos.
Suecia y Dinamarca son especialmente interesantes. Porque
si el problema fuera simplemente: “Estado del bienestar grande =
estancamiento” deberíamos encontrar resultados económicos parecidos en
todos ellos. Y no los encontramos necesariamente. Esto obliga a buscar algo
más.
10. El verdadero misterio: ¿por qué
Finlandia produce menos?
Aquí llegamos, en mi opinión, al centro de la
cuestión. La OECD señala que Finlandia ha quedado por detrás de la media de la
OECD en crecimiento de productividad durante la última década.
La idea clave es sencilla: Finlandia no solo ha crecido menos; también ha perdido terreno en productividad frente a otras economías avanzadas.
Este es probablemente el gráfico que yo pondría en el
centro del artículo. Porque permite cambiar la pregunta. No: “¿Por qué la
extrema derecha está destruyendo Finlandia?” Ni tampoco: “¿Por qué el Estado
del bienestar está destruyendo Finlandia?” Sino: “¿Por qué Finlandia ha
perdido capacidad para aumentar su productividad?” Y entonces aparecen
cuestiones mucho más interesantes:
- inversión
empresarial;
- innovación;
- educación;
- capital
humano;
- inmigración
cualificada;
- acceso
al capital;
- creación
y crecimiento de empresas;
- regulación;
- energía;
- mercado
laboral;
- especialización
industrial.
La propia OECD destaca la necesidad de mejorar la
comercialización de la I+D, facilitar la inversión privada y atraer
trabajadores altamente cualificados.
11. Nokia explica más de lo que
parece
Hay otro elemento que suele perderse en el debate
político. Finlandia tuvo durante años una de las economías tecnológicamente más
exitosas de Europa. Nokia fue extraordinariamente importante para el país. Cuando
Nokia perdió su posición dominante en los teléfonos móviles, Finlandia sufrió
un shock enorme de productividad, exportaciones e inversión. La OECD relaciona
explícitamente la desaceleración de la productividad con la crisis financiera global
y el colapso de Nokia. Esto ocurrió mucho antes de que Orpo llegara al poder.
Y por eso es tan difícil explicar la trayectoria finlandesa exclusivamente
mediante la política de los últimos tres años.
12. Rusia tampoco es un detalle
menor
Durante décadas Finlandia mantuvo una relación
económica muy particular con Rusia. La invasión de Ucrania cambió radicalmente
esa relación. Comercio, energía, turismo, logística e inversión se vieron
afectados. Eso constituye un shock externo considerable para una economía
pequeña y abierta. Por tanto, cualquier análisis que compare simplemente: Finlandia
2022 → Finlandia 2025 sin controlar por la guerra y la ruptura económica
con Rusia corre el riesgo de atribuir a la política doméstica lo que
parcialmente procede de un cambio del entorno internacional.
Entonces, la economía finlandesa tiene
problemas mucho más antiguos. La crisis de productividad viene de lejos. El
envejecimiento demográfico viene de lejos. El desequilibrio entre ingresos y
gasto público viene de lejos. La pérdida de dinamismo industrial viene de
lejos. Y los shocks derivados de Rusia y de la geopolítica son posteriores pero
tampoco tienen una relación directa con la ideología del Gobierno.
13. El
auténtico examen de Orpo
Creo que la manera más justa de evaluar al Gobierno
actual no es preguntarnos si Finlandia crece menos que en 2010. Eso sería
injusto. Hay que preguntarnos:
¿Está haciendo que Finlandia sea más
productiva?
¿Está aumentando la oferta de
trabajo?
¿Está favoreciendo la inversión?
¿Está consiguiendo que las empresas
innovadoras crezcan?
¿Está reduciendo el déficit
estructural?
¿Está consiguiendo que la deuda deje
de crecer respecto al PIB?
¿Y cuál es el coste social de las
reformas?
Ahí sí podremos juzgar su gestión. Y todavía no tenemos
una respuesta definitiva.
Los datos más recientes muestran que el problema
fiscal no ha desaparecido. En 2025 el
déficit público fue del 3,4 % del PIB y la deuda alcanzó el 88,5 %. Pero al
mismo tiempo tampoco estamos ante un país que se esté desintegrando
económicamente. El Banco Mundial sitúa el crecimiento del PIB de 2025 en torno
al 0,2 %, mientras que la OECD prevé alrededor de un 0,8 % para 2026. El
desempleo, eso sí, continúa siendo elevado.
Por tanto, hablar de “caída de Finlandia”
funciona como titular, pero resulta demasiado impreciso como diagnóstico. Lo
que tenemos es algo más aburrido y, precisamente por eso, más preocupante: una
economía rica que lleva demasiado tiempo creciendo poco, con una productividad
débil, una población envejecida y un Estado que promete más de lo que su base
económica puede financiar cómodamente. Eso es bastante más difícil de
solucionar que cambiar de gobierno.
15. La
conclusión que me parece más interesante
Si queremos convertir el caso finlandés en una lección
económica, yo no la formularía como: “La derecha fracasa”. Ni como: «El
Estado del bienestar fracasa». La formularía así: Una sociedad puede
mantener durante mucho tiempo un Estado del bienestar muy amplio mientras
disfruta de un fuerte crecimiento de productividad. El problema aparece cuando
el crecimiento se ralentiza, la población envejece y las obligaciones públicas
continúan aumentando.
Entonces llega la factura. Y Finlandia parece estar
empezando a pagarla. El Gobierno de Orpo puede equivocarse en cómo intenta
hacerlo. Puede recortar demasiado unas partidas y demasiado poco otras. Puede
diseñar mal los incentivos. Puede perjudicar la demanda a corto plazo. Puede,
por el contrario, estar haciendo reformas dolorosas pero necesarias. Todavía
tendremos que ver qué efectos producen. Pero hay una conclusión que sí podemos
extraer ya: la crisis finlandesa no empezó con Orpo.
Y precisamente por eso, juzgarla exclusivamente como
un fracaso de la “extrema derecha” es tan poco convincente como atribuir todos
los problemas de Finlandia al Estado del bienestar. La explicación
probablemente sea menos ideológica y bastante más incómoda: Finlandia
necesita volver a producir más por trabajador al mismo tiempo que adapta un
Estado del bienestar diseñado para una población que ya no tiene.
Ese es el verdadero problema. Y ese sí es un problema
económico.









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