sábado, 17 de enero de 2026

EL SALARIO MÍNIMO QUE NADIE DISCUTE

 

Por qué la crítica regional al SMI es más importante que la ideológica

La política del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en España ha generado un debate intensamente polarizado. Economistas progresistas subrayan su papel redistributivo y su capacidad para reducir la pobreza laboral; economistas liberales advierten sobre la destrucción de empleo y la pérdida de competitividad. Ambos tienen parte de razón. Y, sin embargo, ambos evitan el verdadero problema: un SMI nacional único tiene efectos profundamente regionales, y esa contradicción genera desigualdades que ninguna de las dos posiciones pretendía crear.

1. El debate conocido (y por qué ya no basta)

Desde 2018, el SMI en España se ha incrementado aproximadamente un 61%, pasando de 735 € a 1.184 € mensuales. Sus defensores destacan que esta subida ha permitido mejorar los ingresos de cientos de miles de trabajadores y reducir la desigualdad salarial. Sus críticos señalan estimaciones —como las del Banco de España— que sitúan la destrucción o no creación de empleo asociada a la subida de 2019 en un rango aproximado de entre 90.000 y 170.000 puestos de trabajo.

Ambas afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo. Y, de hecho, lo son. El problema es que el debate público se ha quedado anclado en este binomio —empleo versus redistribución— sin avanzar hacia una pregunta más incómoda y más relevante: ¿dónde y sobre quién recaen esos efectos?

2. El argumento que importa: la geografía silenciosa del SMI

Imaginemos dos trabajadores que cobran exactamente el SMI actual: 1.184 € mensuales. Uno vive en Extremadura; el otro, en la Comunidad de Madrid.

El trabajador extremeño percibe aproximadamente el 72,8% del salario medio de su región (en torno a 1.585 €). El madrileño, en cambio, percibe alrededor del 51% del salario medio de su comunidad (unos 2.320 €). Ambos cobran lo mismo. Ambos están sujetos a la misma norma. Pero ambos viven realidades económicas radicalmente distintas.

Para una pequeña empresa en Badajoz, una subida del SMI supone una presión directa sobre márgenes ya estrechos en un mercado poco dinámico. Para una empresa de servicios en Madrid, el mismo incremento suele integrarse con mayor facilidad en una estructura de costes más flexible y productiva. Una política salarial uniforme produce impactos profundamente desiguales.

Esta no es una observación anecdótica. En 27 provincias españolas, el SMI supera el 75% del salario medio provincial. En territorios como Ávila (90,8%), Zamora (89,1%) o Badajoz (87,3%), el salario mínimo se aproxima peligrosamente al salario medio. Son, no por casualidad, provincias que ya enfrentan problemas estructurales de despoblación, envejecimiento y bajo dinamismo económico.

Tratar como iguales realidades que son estructuralmente desiguales no corrige la brecha territorial: la consolida.

3. Lo que dicen las instituciones (aunque rara vez se enfatice)

El Banco de España fue claro en su análisis del incremento del SMI de 2019: los efectos sobre el empleo no fueron homogéneos. El impacto negativo se concentró en jóvenes, mayores de 45 años, trabajadores temporales y sectores como la agricultura. Es decir, en aquellos colectivos con menor capacidad de absorción del shock salarial.

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) fue un paso más allá en su análisis más reciente. Según sus simulaciones microeconómicas, el impacto de una subida del SMI puede ser hasta tres veces mayor en Canarias que en Baleares, simplemente por diferencias estructurales en productividad, salarios y composición sectorial.

La ironía es evidente: una política nacional diseñada con fines redistributivos puede generar efectos significativamente más adversos en unas regiones que en otras por pura geografía, no por ineficiencia empresarial ni por malas decisiones individuales.

4. El debate económico real (donde la ideología se desmorona)

Hoy, los economistas más rigurosos coinciden en que el debate sobre el SMI no es binario. La OCDE estima que la subida de 2019 incrementó los ingresos de los trabajadores directamente afectados en torno a un 5,8%, mientras que el impacto negativo sobre el empleo agregado fue reducido, alrededor del 0,6%.

La AIReF, utilizando modelos de equilibrio general que incorporan efectos macroeconómicos, ofrece una lectura aún más matizada: existe destrucción directa de empleo (entre –0,28 y –0,53 puntos porcentuales), pero los efectos de demanda —derivados de que los perceptores del SMI consumen la mayor parte de su renta— compensan parcialmente ese impacto. El efecto neto sobre el empleo total oscilaría entre 0,0 y +0,2 puntos porcentuales.

Esto es clave. Significa que el argumento de que “el SMI destruye empleo” es incompleto. Lo destruye de forma directa, pero puede generarlo de forma indirecta. La pregunta relevante no es si hay efectos, sino cómo se distribuyen.

Y la respuesta es incómoda: la destrucción se concentra en zonas deprimidas; la creación, en áreas urbanas y dinámicas. Se produce así una transferencia implícita de oportunidades desde territorios con menor capacidad de ajuste hacia aquellos con más alternativas laborales.

5. La desigualdad que nace de una política diseñada para reducirla

Entre 2018 y 2024, los salarios del primer decil de ingresos aumentaron aproximadamente un 31%; los del segundo, un 34%; mientras que los del décimo decil crecieron en torno al 12%. Desde una perspectiva agregada, el resultado es claramente redistributivo.

Pero las medias nacionales esconden geografías. Un joven de 22 años en Zamora que no accede a un contrato de entrada porque el SMI lo hace inviable probablemente terminará migrando a Madrid, donde sí encontrará empleo. Para el trabajador, el balance es positivo. Para Zamora, que pierde población activa y capital humano, no lo es.

¿Es esto un éxito de la política del SMI? Depende del nivel de análisis. A escala individual, puede serlo. A escala territorial, profundiza los desequilibrios existentes.

6. Lo que algunos expertos ya reconocen

El economista Adrián Todolí, entre otros, ha analizado el impacto diferenciado de las subidas del SMI por comunidades autónomas. Su conclusión es incómoda para los defensores del statu quo: un SMI diferenciado territorialmente produciría un impacto agregado algo menor, pero una distribución de costes mucho más equitativa.

Dicho de otro modo: un SMI regional sería menos dañino allí donde hoy es más restrictivo.

Existen precedentes comparables. Países como Italia, a través de sistemas de negociación colectiva territorial y sectorial funcionalmente equivalentes a salarios mínimos diferenciados, muestran que una mayor adaptación regional puede reducir tensiones laborales. Estudios comparativos sugieren que un esquema de este tipo podría reducir el desempleo en España de forma apreciable.

7. La pregunta que el debate aún no formula bien

El verdadero debate no debería ser si subir o no el SMI, sino cómo redistribuir sin erosionar la capacidad de empleo de las regiones que menos margen tienen para perderlo.

La respuesta probablemente no sea un SMI nacional único e invariable. Tampoco una congelación indefinida, que sería socialmente injusta. La solución pasa por un diseño más sofisticado:

·         Un SMI nacional más moderado, vinculado a productividad y ciclo económico.

·         Complementos de renta regionales, gestionados por las comunidades autónomas.

·         Bonificaciones de cotizaciones sociales diferenciadas geográficamente.

·         Inversión real en reconversión productiva en zonas de baja productividad, más allá de subidas salariales que congelan el statu quo.

Ninguna de estas medidas es ideológicamente pura. Los progresistas verán una renuncia al universalismo; los liberales, más intervención. Pero todas son más coherentes que una política que se proclama nacional mientras produce efectos profundamente asimétricos.

Epílogo: lo que los datos sugieren

La OCDE ha señalado recientemente que más del 35% de la desigualdad en España se explica por circunstancias heredadas, no por esfuerzo individual. Haber nacido en Badajoz o en Barcelona sigue siendo un factor determinante.

Una política económica rigurosa no puede ignorar esta realidad. Un SMI que aplica la misma regla a territorios estructuralmente distintos no es redistribución: es ceguera institucional.

El SMI tiene sentido. La redistribución también. Pero ambas requieren una sofisticación territorial que nuestra política pública aún no ha querido asumir.

Es hora de hacerlo.

Fuentes

Banco de España (2021). Los efectos del salario mínimo interprofesional en el empleo. Documentos Ocasionales N.º 2113.

Blog Salmon (2023). El problema de la subida del SMI en España: de risa para Madrid, demasiado para Extremadura.

AIReF (2025). Análisis Microeconómico del Impacto del Salario Mínimo Interprofesional en el Empleo. Documento técnico.

Confcuadros (2025). AIReF alerta del creciente impacto en el empleo de las alzas del SMI. Expansión.

OCDE (2024). Análisis de salarios mínimos en España.

El Diario (2025). La AIReF concluye que las alzas del salario mínimo no destruyen empleo gracias al aumento de consumo.

El País (2024). ¿Cómo ha afectado el subidón del SMI a la economía española? Menos desigualdad salarial y sin pérdida de empleo neto.

Todolí, Adrián (2025). El SMI por CCAA produciría unos efectos positivos menores que cuando el establecimiento se produce a nivel nacional.

ALDE (2022). Los Salarios Regionales Españoles y el SMI: Un Ejercicio Empírico.

El Blog Salmon (2025). En España, tu origen pesa más que tu esfuerzo: la OCDE atribuye el 35% de la desigualdad a circunstancias heredadas.

Este artículo representa un análisis equilibrado basado en fuentes académicas e institucionales rigurosas. Los puntos de vista expresados son síntesis de evidencia económica disponible, no posiciones ideológicas

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