Por
qué la crítica regional al SMI es más importante que la ideológica
La
política del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en España ha generado un
debate intensamente polarizado. Economistas progresistas subrayan su papel
redistributivo y su capacidad para reducir la pobreza laboral; economistas
liberales advierten sobre la destrucción de empleo y la pérdida de
competitividad. Ambos tienen parte de razón. Y, sin embargo, ambos evitan el
verdadero problema: un
SMI nacional único tiene efectos profundamente regionales, y
esa contradicción genera desigualdades que ninguna de las dos posiciones
pretendía crear.
1.
El debate conocido (y por qué ya no basta)
Desde
2018, el SMI en España se ha incrementado aproximadamente un 61%, pasando de
735 € a 1.184 € mensuales. Sus defensores destacan que esta subida ha permitido
mejorar los ingresos de cientos de miles de trabajadores y reducir la
desigualdad salarial. Sus críticos señalan estimaciones —como las del Banco de
España— que sitúan la destrucción o no creación de empleo asociada a la subida
de 2019 en un rango aproximado de entre 90.000 y 170.000 puestos de trabajo.
Ambas
afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo. Y, de hecho, lo son. El
problema es que el debate público se ha quedado anclado en este binomio —empleo
versus redistribución— sin avanzar hacia una pregunta más incómoda y más
relevante: ¿dónde y
sobre quién recaen esos efectos?
2.
El argumento que importa: la geografía silenciosa del SMI
Imaginemos
dos trabajadores que cobran exactamente el SMI actual: 1.184 € mensuales. Uno
vive en Extremadura; el otro, en la Comunidad de Madrid.
El
trabajador extremeño percibe aproximadamente el 72,8% del salario medio de su
región (en torno a 1.585 €). El madrileño, en cambio, percibe alrededor del 51%
del salario medio de su comunidad (unos 2.320 €). Ambos cobran lo mismo. Ambos
están sujetos a la misma norma. Pero ambos viven realidades económicas
radicalmente distintas.
Para
una pequeña empresa en Badajoz, una subida del SMI supone una presión directa
sobre márgenes ya estrechos en un mercado poco dinámico. Para una empresa de
servicios en Madrid, el mismo incremento suele integrarse con mayor facilidad
en una estructura de costes más flexible y productiva. Una política salarial uniforme produce
impactos profundamente desiguales.
Esta
no es una observación anecdótica. En 27 provincias españolas, el SMI supera el
75% del salario medio provincial. En territorios como Ávila (90,8%), Zamora
(89,1%) o Badajoz (87,3%), el salario mínimo se aproxima peligrosamente al
salario medio. Son, no por casualidad, provincias que ya enfrentan problemas
estructurales de despoblación, envejecimiento y bajo dinamismo económico.
Tratar
como iguales realidades que son estructuralmente desiguales no corrige la
brecha territorial: la
consolida.
3.
Lo que dicen las instituciones (aunque rara vez se enfatice)
El
Banco de España fue claro en su análisis del incremento del SMI de 2019: los
efectos sobre el empleo no fueron homogéneos. El impacto negativo se concentró
en jóvenes, mayores de 45 años, trabajadores temporales y sectores como la
agricultura. Es decir, en aquellos colectivos con menor capacidad de absorción
del shock salarial.
La
Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) fue un paso más allá
en su análisis más reciente. Según sus simulaciones microeconómicas, el impacto
de una subida del SMI puede ser hasta tres
veces mayor en Canarias que en Baleares, simplemente por
diferencias estructurales en productividad, salarios y composición sectorial.
La
ironía es evidente: una política nacional diseñada con fines redistributivos
puede generar efectos significativamente más adversos en unas regiones que en
otras por pura geografía,
no por ineficiencia empresarial ni por malas decisiones individuales.
4.
El debate económico real (donde la ideología se desmorona)
Hoy,
los economistas más rigurosos coinciden en que el debate sobre el SMI no es
binario. La OCDE estima que la subida de 2019 incrementó los ingresos de los
trabajadores directamente afectados en torno a un 5,8%, mientras que el impacto
negativo sobre el empleo agregado fue reducido, alrededor del 0,6%.
La
AIReF, utilizando modelos de equilibrio general que incorporan efectos
macroeconómicos, ofrece una lectura aún más matizada: existe destrucción
directa de empleo (entre –0,28 y –0,53 puntos porcentuales), pero los efectos
de demanda —derivados de que los perceptores del SMI consumen la mayor parte de
su renta— compensan parcialmente ese impacto. El efecto neto sobre el empleo
total oscilaría entre 0,0 y +0,2 puntos porcentuales.
Esto
es clave. Significa que el argumento de que “el SMI destruye empleo” es
incompleto. Lo destruye de forma directa, pero puede generarlo de forma
indirecta. La pregunta relevante no es si hay efectos, sino cómo se distribuyen.
Y
la respuesta es incómoda: la destrucción se concentra en zonas deprimidas; la
creación, en áreas urbanas y dinámicas. Se produce así una transferencia
implícita de oportunidades desde territorios con menor capacidad de ajuste
hacia aquellos con más alternativas laborales.
5.
La desigualdad que nace de una política diseñada para reducirla
Entre
2018 y 2024, los salarios del primer decil de ingresos aumentaron
aproximadamente un 31%; los del segundo, un 34%; mientras que los del décimo
decil crecieron en torno al 12%. Desde una perspectiva agregada, el resultado
es claramente redistributivo.
Pero
las medias nacionales esconden geografías. Un joven de 22 años en Zamora que no
accede a un contrato de entrada porque el SMI lo hace inviable probablemente
terminará migrando a Madrid, donde sí encontrará empleo. Para el trabajador, el
balance es positivo. Para Zamora, que pierde población activa y capital humano,
no lo es.
¿Es
esto un éxito de la política del SMI? Depende del nivel de análisis. A escala
individual, puede serlo. A escala territorial, profundiza los desequilibrios
existentes.
6.
Lo que algunos expertos ya reconocen
El
economista Adrián Todolí, entre otros, ha analizado el impacto diferenciado de
las subidas del SMI por comunidades autónomas. Su conclusión es incómoda para
los defensores del statu quo: un SMI diferenciado territorialmente produciría
un impacto agregado algo menor, pero una
distribución de costes mucho más equitativa.
Dicho
de otro modo: un SMI regional sería menos dañino allí donde hoy es más
restrictivo.
Existen
precedentes comparables. Países como Italia, a través de sistemas de
negociación colectiva territorial y sectorial funcionalmente equivalentes a
salarios mínimos diferenciados, muestran que una mayor adaptación regional
puede reducir tensiones laborales. Estudios comparativos sugieren que un
esquema de este tipo podría reducir el desempleo en España de forma apreciable.
7.
La pregunta que el debate aún no formula bien
El
verdadero debate no debería ser si subir o no el SMI, sino cómo redistribuir sin erosionar la
capacidad de empleo de las regiones que menos margen tienen para perderlo.
La
respuesta probablemente no sea un SMI nacional único e invariable. Tampoco una
congelación indefinida, que sería socialmente injusta. La solución pasa por un
diseño más sofisticado:
·
Un
SMI nacional más moderado, vinculado a productividad y ciclo económico.
·
Complementos
de renta regionales, gestionados por las comunidades autónomas.
·
Bonificaciones
de cotizaciones sociales diferenciadas geográficamente.
·
Inversión
real en reconversión productiva en zonas de baja productividad, más allá de
subidas salariales que congelan el statu quo.
Ninguna
de estas medidas es ideológicamente pura. Los progresistas verán una renuncia
al universalismo; los liberales, más intervención. Pero todas son más
coherentes que una política que se proclama nacional mientras produce efectos
profundamente asimétricos.
Epílogo:
lo que los datos sugieren
La
OCDE ha señalado recientemente que más del 35% de la desigualdad en España se
explica por circunstancias heredadas, no por esfuerzo individual. Haber nacido
en Badajoz o en Barcelona sigue siendo un factor determinante.
Una
política económica rigurosa no puede ignorar esta realidad. Un SMI que aplica
la misma regla a territorios estructuralmente distintos no es redistribución: es ceguera institucional.
El
SMI tiene sentido. La redistribución también. Pero ambas requieren una
sofisticación territorial que nuestra política pública aún no ha querido
asumir.
Es
hora de hacerlo.
Fuentes
Banco de España (2021). Los
efectos del salario mínimo interprofesional en el empleo. Documentos
Ocasionales N.º 2113.
Blog Salmon (2023). El problema
de la subida del SMI en España: de risa para Madrid, demasiado para Extremadura.
AIReF (2025). Análisis
Microeconómico del Impacto del Salario Mínimo Interprofesional en el Empleo.
Documento técnico.
Confcuadros (2025). AIReF alerta
del creciente impacto en el empleo de las alzas del SMI. Expansión.
OCDE (2024). Análisis de salarios
mínimos en España.
El Diario (2025). La AIReF
concluye que las alzas del salario mínimo no destruyen empleo gracias al
aumento de consumo.
El País (2024). ¿Cómo ha afectado
el subidón del SMI a la economía española? Menos desigualdad salarial y sin
pérdida de empleo neto.
Todolí, Adrián (2025). El SMI por
CCAA produciría unos efectos positivos menores que cuando el establecimiento se
produce a nivel nacional.
ALDE (2022). Los Salarios
Regionales Españoles y el SMI: Un Ejercicio Empírico.
El Blog Salmon (2025). En España,
tu origen pesa más que tu esfuerzo: la OCDE atribuye el 35% de la desigualdad a
circunstancias heredadas.
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