viernes, 25 de septiembre de 2026

¿SANIDAD PÚBLICA O PRIVADA? : EL GRAN DILEMA DE MADRID Y CATALUNYA FRENTE A EUROPA

 

Hablar de sanidad en España es meterse en un terreno complicado. En cuanto aparece la palabra "privatización", el debate suele dividirse en dos bandos. Unos piensan que cualquier entrada de empresas privadas en la sanidad pública supone empezar a desmontarla. Otros creen que utilizar empresas privadas, si están bien controladas, puede ayudar a que el sistema funcione mejor. Pero la realidad es bastante menos sencilla.

España tiene una sanidad pública de cobertura prácticamente universal y financiada principalmente con impuestos. Pero eso no significa que todo lo que hay dentro del sistema sea gestionado directamente por la Administración. Desde hace décadas conviven hospitales públicos, empresas privadas, fundaciones, consorcios, mutuas, conciertos y seguros médicos privados.

Y aquí está, probablemente, la pregunta importante: ¿Importa más quién es el dueño de un hospital o cómo se paga, cómo se gestiona y qué resultados consigue?

Madrid y Catalunya son dos buenos ejemplos para intentar responderla. Las dos utilizan proveedores que no son estrictamente públicos, pero lo hacen de maneras bastante diferentes. Y cuando ampliamos la mirada a países como Alemania, Países Bajos o Suecia, descubrimos algo todavía más interesante: Europa está llena de modelos sanitarios mixtos.

1. La primera paradoja: gastar más no significa necesariamente funcionar mejor

Hay una idea que aparece continuamente en el debate sanitario: "Si quieres una sanidad mejor, tienes que gastar más." En parte es evidente. Un sistema sanitario necesita dinero. Hace falta pagar médicos, enfermeros, hospitales, medicamentos, tecnología, ambulancias y centros de salud. Pero gastar más no garantiza automáticamente obtener mejores resultados.

También importa cómo se gasta ese dinero, cómo se organiza el sistema, cuántos profesionales hay, cómo se utilizan los hospitales, cómo se gestionan las listas de espera y qué incentivos tienen quienes prestan los servicios. Los últimos datos consolidados del Ministerio de Sanidad correspondientes a 2024 muestran una diferencia importante. En 2024, el gasto sanitario público gestionado por las comunidades autónomas fue de 1.957 euros por habitante de media. Madrid gastó 1.779 euros y Cataluña 2.061 euros. Madrid destinó además el 4% de su PIB al gasto sanitario público, el porcentaje más bajo entre las comunidades autónomas.

Y aquí aparece una pregunta interesante: ¿Cómo puede Madrid gastar relativamente poco dinero público por habitante y, al mismo tiempo, presentar buenos resultados en algunos indicadores sanitarios? La respuesta no puede ser simplemente "porque privatiza". Hay más factores. Madrid concentra mucha población en un territorio relativamente pequeño, dispone de grandes hospitales y concentra servicios de alta complejidad. Además, tiene una de las mayores penetraciones de seguros médicos privados de España. Según la estimación del Observatorio del Sector Sanitario Privado 2026 de la Fundación IDIS, el gasto sanitario privado por habitante en 2025 alcanzó los 905 euros en Madrid y los 898 en Cataluña, entre los niveles más elevados de España.

Es decir, cuando hablamos de cuánto dinero dedica una sociedad a su sanidad, mirar únicamente el presupuesto público no cuenta toda la historia. También existe dinero privado. Y eso es importante.

2. Madrid y Catalunya no son el mismo modelo

Desde fuera puede parecer que Madrid y Catalunya hacen lo mismo: utilizan empresas y entidades privadas para prestar parte de la asistencia sanitaria pública.  Pero no es exactamente así.

Madrid: contratar y gestionar determinados servicios con operadores privados. Madrid ha utilizado diferentes fórmulas de colaboración público-privada, especialmente en determinados hospitales. En algunos contratos se utiliza un sistema de capitación: la Administración paga al proveedor una cantidad determinada en función de la población que tiene asignada. La idea es sencilla.  En lugar de pagar cada prueba, cada consulta o cada intervención por separado, se paga una cantidad por atender a una población determinada. Esto puede tener una ventaja: el proveedor tiene incentivos para organizar bien los recursos y evitar gastos innecesarios. Pero también existe el otro lado de la moneda.

Si una empresa recibe una cantidad determinada por paciente, debe existir un buen sistema de control para evitar que tenga incentivos a reducir demasiado los costes, retrasar determinadas actuaciones o derivar pacientes complejos a otros centros. Eso no significa que necesariamente lo haga. Significa que cualquier contrato de este tipo tiene que estar bien diseñado y vigilado. Y esta diferencia es importante. No toda colaboración público-privada funciona igual ni toda contratación de servicios sanitarios privados implica entregar la gestión completa de un hospital.

3. Catalunya: un sistema mucho más mezclado

El caso catalán es diferente. Catalunya tiene el SISCAT, una red en la que conviven centros de naturaleza jurídica muy diferente. Hay centros públicos, consorcios, fundaciones, hospitales municipales y otros proveedores concertados. Esta estructura no apareció de repente. Catalunya tiene una tradición histórica de colaboración entre administraciones, ayuntamientos, fundaciones y entidades sanitarias que viene de mucho antes de la creación del actual sistema autonómico.

Por eso, decir simplemente que "Catalunya tiene sanidad privada" tampoco explica demasiado. La característica fundamental del modelo catalán es que la Administración financia una red muy diversa de proveedores que trabajan dentro del sistema sanitario público. Tiene una ventaja evidente: permite aprovechar una red sanitaria ya existente y mantener una fuerte implantación territorial. Pero también tiene un inconveniente potencial: cuantos más actores participan, más difícil puede resultar coordinar el sistema. Hay más entidades, más estructuras de gestión, diferentes convenios laborales y diferentes formas de organizar los recursos. Por eso, la pregunta interesante tampoco es si un hospital catalán es público o privado. La pregunta es: ¿Quién lo financia, cómo se le paga, qué obligaciones tiene y qué resultados consigue?

4. Y entonces llegamos a las listas de espera

Aquí aparece uno de los datos más llamativos de toda esta comparación. Según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, a finales de 2025 la espera media para una operación era de: Madrid: 50 días. Catalunya: 142 días. La diferencia es enorme. Y no tiene sentido ignorarla. Ahora bien, hay que tener cuidado con la conclusión.

Estos datos no demuestran que la sanidad madrileña funcione mejor porque utiliza empresas privadas. Demuestran otra cosa: Madrid consigue actualmente una espera quirúrgica mucho menor que Catalunya. ¿Por qué? Ahí la respuesta es bastante más complicada. Influyen el número de médicos y enfermeros, la capacidad de los quirófanos, el número de hospitales, la demanda, los criterios para entrar en las listas, la complejidad de los pacientes, la actividad concertada y muchos otros factores. Por eso, una cifra de espera nos dice quién espera más. No nos dice automáticamente por qué. Y esta distinción es fundamental si queremos hacer un análisis serio.

5. Porque una cosa es el hospital y otra el centro de salud

Aquí aparece una de las contradicciones más interesantes del modelo madrileño. Puedes tener un hospital excelente y, al mismo tiempo, tener problemas en tu centro de salud. Un paciente con un cáncer, una enfermedad compleja o que necesita una operación puede recibir una atención hospitalaria de primer nivel. Pero ese mismo ciudadano puede tener dificultades para conseguir una cita con su médico de familia. Y para el ciudadano ambas cosas forman parte de la misma sanidad.

Esta es una de las razones por las que hablar únicamente de listas de espera quirúrgicas no sirve para medir todo el sistema.

También importa:

  • cuánto tardas en conseguir cita con tu médico de familia;
  • cuánto tardas en ver a un especialista;
  • cuánto esperas para una prueba;
  • cuánto tarda en llegar un diagnóstico;
  • si tienes continuidad con tu médico;
  • cuántos profesionales hay;
  • qué resultados clínicos obtiene el sistema;
  • cuántos pacientes vuelven al hospital después de ser dados de alta;
  • y, por supuesto, qué percepción tienen los ciudadanos.

Al final, el ciudadano no piensa en el sistema sanitario como una hoja de Excel.

Piensa: "¿Cuánto tardan en atenderme cuando lo necesito?"

6. El elefante en la habitación: el seguro privado

Hay otra cuestión que suele quedar bastante fuera del debate. España tiene sanidad pública, pero también tiene un importante mercado de seguros médicos privados. Y Madrid destaca especialmente en este aspecto.

Una persona puede tener su tarjeta sanitaria pública y, además, pagar cada mes un seguro privado. Puede utilizar uno u otro dependiendo de lo que necesite. Esto crea una situación bastante peculiar.

Imaginemos dos ciudadanos. Los dos tienen derecho a utilizar la sanidad pública. Pero uno de ellos, además, puede pagar un seguro privado y acudir por esa vía a un especialista. El segundo depende exclusivamente del sistema público. ¿Puede esto influir en las listas de espera? Probablemente puede influir en determinados servicios, pero demostrar exactamente cuánto exigiría estudiar los datos con mucho más detalle. No podemos decir simplemente que "el seguro privado descongestiona la pública". Pero tampoco tiene sentido ignorar que una parte de la población está utilizando una segunda vía asistencial. Y esto introduce una pregunta : ¿Hasta qué punto algunos indicadores de la sanidad pública están condicionados por el hecho de que una parte de la población pueda permitirse una alternativa privada?

Es una pregunta legítima. Y merece datos, no consignas.

7. Cuando miramos Europa, descubrimos que no existe un único modelo

Aquí es donde el debate español se queda muchas veces demasiado pequeño. Se habla de "público" y "privado" como si solo existieran dos opciones. Europa demuestra que no es así. Existen sistemas financiados fundamentalmente mediante impuestos. Existen sistemas basados en seguros sociales. Existen aseguradoras privadas obligatorias. Existen proveedores privados financiados con dinero público. Existen hospitales públicos gestionados con mucha autonomía. Y existen modelos donde el ciudadano puede elegir entre diferentes proveedores.

Por eso las etiquetas sirven para entender el punto de partida, pero no para explicar todo el sistema.

8. Beveridge: pagar con impuestos

El modelo Beveridge toma su nombre del economista británico William Beveridge y está asociado a sistemas financiados principalmente mediante impuestos. El Reino Unido es el ejemplo histórico más conocido. España pertenece claramente a esta tradición. El ciudadano paga impuestos y el Estado garantiza una cobertura sanitaria universal.

Pero España no es una sanidad completamente estatal. Hay proveedores privados, conciertos, fundaciones, mutuas, seguros voluntarios y diferentes formas de contratación. Por eso sería más exacto describir nuestro sistema como: una sanidad pública universal, financiada principalmente con impuestos, pero con una pluralidad de proveedores.

9. Bismarck: otra manera de financiar una sanidad universal

Alemania representa una tradición diferente. El modelo Bismarck se basa históricamente en seguros sociales obligatorios y en entidades aseguradoras reguladas. Los proveedores sanitarios pueden ser públicos, privados o independientes. Y aquí hay que desmontar una simplificación muy habitual:

Beveridge no significa necesariamente "público y lento".

Bismarck no significa necesariamente "privado y rápido".

La realidad es bastante más complicada. Alemania, Francia, Bélgica, Austria, Suiza o Japón tienen sistemas diferentes entre sí y todos tienen sus propios problemas. La gran diferencia está en cómo se organiza la financiación y quién participa en ella.

10. Países Bajos: mucho sector privado, pero mucho Estado también

Países Bajos es probablemente uno de los ejemplos que mejor demuestra que "privado" no significa necesariamente "sin Estado". Los ciudadanos están obligados a contratar un seguro sanitario básico. Las aseguradoras son privadas. Pero el sistema está fuertemente regulado. El Estado establece qué cubre el seguro básico y las aseguradoras tienen que aceptar a los ciudadanos que quieran contratarlo, independientemente de su edad o estado de salud.

Además, existen mecanismos de solidaridad y ayudas públicas para determinados ciudadanos. Es decir, no estamos ante un mercado sanitario completamente libre. Es más bien un sistema en el que: el aseguramiento es privado, pero las reglas las pone el Estado.

Y eso cambia mucho las cosas. Incluso existe una franquicia anual obligatoria para determinados gastos del seguro básico, actualmente de 385 euros. Por tanto, Países Bajos no demuestra que el Estado pueda desaparecer de la sanidad. Demuestra algo diferente: se puede utilizar al sector privado para gestionar una parte importante del sistema y, al mismo tiempo, mantener una regulación pública muy fuerte.

11. Suecia: dinero público y libertad para elegir

Suecia ofrece otra fórmula interesante. El sistema continúa financiándose públicamente, pero los ciudadanos pueden elegir determinados proveedores sanitarios, incluidos proveedores privados. La idea es sencilla: el dinero sigue al paciente.

Si un centro ofrece un servicio que los ciudadanos valoran, recibe financiación. Si otro centro pierde pacientes, tiene un incentivo para mejorar. No es un sistema de cheques sanitarios al estilo de un mercado completamente libre. Es un sistema público que introduce libertad de elección y competencia entre proveedores. Y aquí aparece una idea que merece más atención en España: competencia y sanidad pública no tienen por qué ser conceptos incompatibles.

12. Entonces, ¿qué debería mirar España?

Quizá el principal error del debate español sea obsesionarnos demasiado con quién es el propietario. Que un hospital sea público nos dice algo. Que sea privado también. Pero no nos dice todo.

También deberíamos preguntar:

  • ¿Quién lo financia?
  • ¿Cómo se paga?
  • ¿Qué riesgos asume el gestor?
  • ¿Qué resultados tiene?
  • ¿Qué ocurre si incumple?
  • ¿Quién controla la calidad?
  • ¿Cómo se evita que se seleccionen los pacientes más fáciles?
  • ¿Cuánto cuesta realmente cada paciente?
  • ¿Qué resultados clínicos obtiene?

Un hospital privado pagado con dinero público puede estar sometido a contratos y controles muy estrictos. Y un hospital público puede tener una gestión extraordinariamente buena o extraordinariamente mala.

La propiedad no es el único factor que determina el resultado.

13. Madrid y Catalunya: dos caminos diferentes

Madrid ha apostado en mayor medida por determinadas fórmulas de colaboración público-privada y concesiones. Catalunya ha desarrollado una red mucho más plural de hospitales y entidades dentro del SISCAT. Ninguno de los dos modelos es completamente público. Ninguno es completamente privado. Y tampoco funcionan exactamente igual.

Madrid puede aprovechar economías de escala, concentración hospitalaria y determinados mecanismos contractuales para buscar eficiencia. Pero debe asegurarse de que la presión por contener costes no termine afectando a determinadas áreas, especialmente aquellas menos rentables desde el punto de vista estrictamente económico.

Catalunya puede aprovechar una red sanitaria territorial muy diversa y con una larga tradición de colaboración institucional. Pero esa diversidad también puede hacer que coordinar todo el sistema sea más complicado. En otras palabras: Madrid tiene unos problemas. Catalunya tiene otros. Y los dos sistemas tienen cosas que funcionan y cosas que no funcionan tan bien.

14. La paradoja madrileña

Aquí llegamos a la parte más interesante. Madrid tiene uno de los niveles más bajos de gasto sanitario público por habitante. Sin embargo, no aparece sistemáticamente entre las comunidades con peores resultados. En algunos indicadores ocurre justamente lo contrario. El ejemplo más evidente son las listas de espera quirúrgicas: 50 días en Madrid frente a 142 en Catalunya a finales de 2025.

Esto no demuestra que el modelo madrileño sea "el mejor". Pero sí demuestra que gastar más dinero público no garantiza automáticamente tener menos lista de espera. Y también ocurre al revés. Que Madrid tenga buenos resultados en determinados indicadores no significa que todo funcione bien. Un ciudadano puede tener una operación rápida y, al mismo tiempo, tener problemas para conseguir una cita con su médico de familia. Las dos cosas pueden ser verdad.

Y esa es precisamente la complejidad del debate.

Conclusión: quizá la pregunta está mal planteada

Después de comparar Madrid, Catalunya y algunos de los principales modelos europeos, quizá tengamos que empezar por cambiar la pregunta. No se trata simplemente de elegir entre: "sanidad pública" o "sanidad privada".

La realidad europea demuestra que existen muchas combinaciones. Un sistema puede financiarse públicamente y utilizar proveedores privados. Puede tener hospitales públicos y médicos independientes. Puede obligar a contratar seguros privados y, al mismo tiempo, imponer una regulación pública muy fuerte. Puede permitir elegir entre proveedores públicos y privados utilizando dinero público. Puede utilizar contratos de capitación. Puede pagar por actividad. Puede combinar varios sistemas. Por eso, la pregunta realmente importante debería ser:

¿Qué combinación consigue que el ciudadano reciba una buena atención, que el sistema sea sostenible y que nadie quede fuera por no tener dinero?

Ahí está el verdadero debate. Porque una sanidad pública no es automáticamente eficiente por el hecho de ser pública. Y una sanidad privada tampoco es automáticamente eficiente por el hecho de introducir competencia. Todo depende de las reglas. De quién paga. De cómo se paga. De quién asume el riesgo. De cómo se controla. Y, sobre todo, de qué resultados obtiene el paciente.

Madrid puede presumir de determinados indicadores y, al mismo tiempo, tener problemas importantes en otros. Catalunya puede tener una red sanitaria muy extensa y diversificada y, al mismo tiempo, sufrir problemas de coordinación y unas listas de espera quirúrgicas mucho mayores. Países Bajos demuestra que se puede utilizar ampliamente el sector privado manteniendo una fuerte intervención pública. Suecia demuestra que se puede introducir competencia y libertad de elección sin abandonar la financiación pública. Y Alemania demuestra que la sanidad universal también puede organizarse mediante seguros sociales obligatorios y una pluralidad de proveedores. Por eso quizá deberíamos dejar de preguntarnos: "¿Público o privado?"

Y empezar a preguntar:

"¿Qué funciona, cuánto cuesta, qué resultados consigue y quién paga cuando no funciona?"

Porque al final, al ciudadano no le importa demasiado quién aparece en el registro mercantil del hospital. Le importa algo mucho más sencillo: cuando está enfermo, que le atiendan bien y que le atiendan a tiempo.

Fuentes:

Fuente: Ministerio de Sanidad — Estadística de Gasto Sanitario Público

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